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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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lunes, 27 de octubre de 2008

Clases semimedias, uníos.


Os preguntareis, ¿Que son las clases semimedias? Es sencillo. Las clases semimedias somos casi todos nosotros. Los asalariados, pensionistas, amas de casa. Los que soportamos estoicamente mientras la clase alta nos hunde la cabeza en el océano de su crisis, y la clase media nos ignora mirando para otro lado fingiendo no tener que ver nada con nuestra crisis. ¿Que quienes pertenecen a la clase alta y media? Muy fácil. La clase alta es, digamos, para los que trabajamos todos. Grandes banqueros y financieros, políticos, grandes empresarios, artistas. La clase media, abogados, funcionarios, jueces, periodistas. Hoy por hoy ellos no sufren los envates de la crisis como la sufrimos nosotros. Las cifras económicas reflejan su situacion, no la nuestra. Las politicas que se ponen en practica van dirigidas a ellos, no a nosotros. Ellos se definen liberales, abominan de la intervención del estado, al cual culpan de todo sus males. Son egoistas, egocéntricos, clasistas, esnobs. Pero este egocentrismo y esta ceguera nos la han trasmitido tambien a nosotros. Nadie se reconoce como integrante de las clases bajas, de la clase trabajadora, y los que pertenecemos a ella menos. De ahí que este blog se llame de las clases semimedias.
Nos tragamos todo lo que ello nos venden, sin reparar en si es bueno o malo para nosotros. Nos han idiotizado con su televisión y con su cultura basura nula en contenidos beneficiosos para la sociedad. Han hecho de nosotros auténticos autómatas. Incluso casi han conseguido que renunciemos a tener una vida minimamente digna, aunque pertenezcamos a los estractos más bajos de esta sociedad. Porque ahí es donde pertenecemos. Nosotros somos quienes cuidamos de sus niños, quienes les servimos la comida o la caña cuando van a un restaurante o un bar. Nosotros somos quienes cuidamos de sus mayores, quienes limpiamos sus casas, quienes les despachamos o les cobramos cuando van a comprar a un supermercado o a una tienda. En resumidas cuentas, somos la base que sustenta esta sociedad. No elegimos serlo, pero lo somos.
Por eso debemos empezar por reconocernos a nosotros mismos. Debemos empezar a buscar y a exigir un mínimo de dignidad en una sociedad donde esa palabra resulta cada vez mas cara encontrarla. DIGNIDAD. ¿Un sueldo, una casa, una vida digna es mucho pedir? Según vemos ultimamente parece ser que si. Y lo peor de todo es que somos nosotros los culpables. ¿Por qué? Porque hemos perdido la dignidad. Les hemos dado la razón creyéndonos sus cifras macroecónomicas y sus políticas liberales. Aceptando sus condiciones laborales, sociales, educativas, culturales sin decir esta boca es mía. Hemos aceptado vivir por encima de nuestras posibilidades, endeudandonos más de lo conveniente, solo por aceptar un modelo de vida útopico y carente de sentido. Hemos rechazado incluso trabajar en determinados trabajos y en determinados sectores, por considerarlos rechazables socialmente. Ser camarero, cajera de supermercado o peón de albañil no es chic precisamente. Nos mola más trabajar delante de un ordenador, o de dependienta en una tienda de moda, aunque nuestro sueldo sea mas miserable que el del camarero o el peón, y en nuestro cometido entre llevarle el café al jefazo. En definitiva nos hemos convertido en clasista nosotros también. Y ahora nos encontramos ante la duda de esperar a que escampe, o en tener que aceptar uno de eses trabajos parias que en la época de bonanza, nunca hubiéramos aceptado.
Una vez un viejo amigo me dijo una frase que se me ha quedado grabada: Digno es el trabajo cuando digno es el que lo trabaja y digna sera la soldada cuando con dignidad sea ganada.

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