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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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miércoles, 25 de febrero de 2009

rojo, AMARILLO, rojo I.

Madrid. Cafetería de renombrado centro comercial. Martes, seis de la tarde, aproximadamente. Llegan mujer de unos treinta y cinco años acompañada de tres niños con edades comprendidas en los ocho, diez y doce años, aproximadamente. Tras unos instantes de espera mientras se acomodan en el velador al que les han conducido uno de los empleados de la cafetería, la mamá pide una cañita para ella, y tres raciones de tortitas con nata y sirope de chocolate acompañada de tres refrescos de cola de cincuenta centílitros para sus mega almentados pequeños. Pasan unos cinco minutos, y el camarero acude con el pedido solicitado. Los niños, ataviados con uniforme escolar de institución de enseñanza privada, religiosa y elitista se avalanzan sobre las viandas que el sufrido empleado de la cafetiría intenta poner sobre la mesa. Operacón complicada, dado que los angelitos se las quita de las manos antes que el hombre pueda dejarlas sobre los mantelillos de papel que cubren la mesa. Pasan otros cinco minutos. La merendola ha llegado a su fin. Mamá pide la cuenta, que se dispone a pagar con tarjeta de crédito. Algo falla. La tarjieta, le informa el camarero no va, el terminal no la acepta, y le pregunta a la desconcertada señora si no le podría facilitar otra, o en su defecto pagar la cuenta en metálico; a lo que la señora, roja de ira, le comunica que no puede ser, que no tiene otra tarjeta y que no dispone de dinero en metálico. El responsable de cafetería es llamado. Para solucionar el entuerto le pide a la señora su DNI, para que ella, pueda pagar al día siguiente y solucionar el malentendido. La señora monta un pollo. Les llama de todo a los responsables de la cafetería. _¿Creen acaso que soy una delincuente?- La señora acompaña a otra dependencia a los responsables de la cafetería, haciendo aspavientos con los brazos.

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