Cita:

"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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martes, 10 de marzo de 2009

Don Matías y Don Hilario


Era Don Matías el ciudadano principal de su pueblo. Dueño del estanco, de cinco tiendas, de dos bares, de la gasolinera, de un taller mecánico , de la mitad de las tierras del termino municipal y de las almas y conciencias que poblaban el pueblo. Todo empezó, como todo desde hace setenta años, después de la guerra civil. Don Matías, de derechas de toda la vida, aplaudió con entusiasmo la victoria de los nacionales. En pocos años, Don Matías, muy emprendedor el, se hizo con la licencia del estanco del pueblo. Despues abrió una tienda. Luego otra. Y luego otra. Hasta llegar a cinco. Y abrió un taller. Y abrió dos bares. Y fue comprando las tierras de los que iban emigrando, escapando de la miseria y de Don Matías. Y los que quedaron, si comían, comían de la mano de Don Matías. En la posguerra Don Matías le daba una cartillita a sus empleados. Estos con la cartillita iban a la tienda y el emprendedor, el gran empresario le iba descontando lo que se llevaban de su sueldo. Y como no podían comprar en otra tienda porque nos las había, no podían escapar de las garras de Don Matias.
Y pasaron los años. Don Matías se hizo viejo. Dios no le concedió hijos, pero el diablo le concedió sobrinos. Y uno de ellos, en particular, se crió a la sombra de Don Matías: Don Hilario. El sucedería a su tío cuando Dios tubiera a bien, lo más tarde posible, llevarselo consigo. Pero eso pasó. Don Matías murió al mismo tiempo que llegaba la democracia. Y le sucedió Don Hilario. Don Hilario tubo que lidiar en peor plaza que su tío. La democracia. Ahora podía ser alcalde del pueblo cualquiera. Intolerable. Y con la democracia llegó la libertad sindical. Así que don hilario, muy vivaz el, creó su propio sindicato. El que se afiliara a CCOO, a por el. El que se afiliara a UGT, a por el. El que se afiliara al sindicato de Don Hilario, ascendido y con subida de sueldo. Vinieron nuevos tiempos. Ahora el alcalde, sociata el, tenía ideas propias. Patrocino la instalación de nuevas tiendas en el pueblo, que hacían la competencia a las de Don Hilario. Patrocinó la instalación de otro estanco en el pueblo, que hizo competencia al de Don Hilario. Patrocinó la instalación de una gasolinera y un taller en el pueblo, que hacían la competencia a las de Don Hilario. Y venía gente nueva al pueblo. Y estas gentes abrian negocios que Don Hilario no entendia. Tiendas de todo a cien, peluquerías, ferreterías, agencias de vajes. Don Hilario, como tenía dinero decidió hacer frente a todo esto. Que abría una tienda de todo a cien, Don Hilario abrá otra, Que abría una croisantería, Don Hilario abría otra justo al lado, y así la mano de Don Hilario se hizo más y más larga en el pueblo. Y seguía la política laboral que siguió su egregio tío: Sueldos bajos y cartillita para los empleados. Con los tiempos modernos sustituyó la cartillita por una tarjeta eléctronica, similar a cualquier tarjeta de crédito.
El alcalde sociata, se creyó el rey del mambo, metió la mano en la caja, y se tubo que ir. A este le sucedió un alcalde pepero." Este, puede sevirme mejor que el otro ", se dijo a si mismo Don Hilario. Dicho y hecho. Aprendió de su tío que a los políticos no hay que huntarles. Al alcalde pepero, le propuso costear cargar con el coste de las nuevas marquesinas de autobuses si estan se intalaban al pie mismo de la entrada de sus establecimientos, y aún más, cargaría con el coste de la remodelación de la plaza del pueblo. Y el alcalde pepero, se lo agradeció. Dejó libertad de horarios, dejó abrir en festivos. Como dice la cancion: "Unos se marchan, otros llegarán. La vida sigue igual".

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