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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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martes, 3 de marzo de 2009

Madrid

Me acuerdo del Madrid de los ochenta. Con su movida, con sus barrios llenos de vida, de comercios, de bares, con su viejo alcalde-profesor, con sus problemas, que tambien los tenía. Ese Madrid abierto, laborioso y al mismo tiempo ocioso. ¡Que tiempos aquellos! ¿Verdad? Los ochenta fueron unos buenos años. Estupendos diría yo. Época de cambios. Cambios ecónomicos, cambios sociales, cambios de mentalidad. Desde regiones más atrasadas, se veía a Madrid (A Barcelona también) como un horizonte de libertad, de prosperidad, de modernismo. ¿Pero que queda de aquel Madrid dos decadas después? Yo diría que nada, ó casi nada. Se ha convertido en una ciudad triste, capital de un pais triste. Sus barrios, antes llenos de vida, estan hoy vacíos. Los comercios de todo tipo que antes campaban a sus anchas, hoy no son mas que locales vacíos u ocupados por comercios chinos de ropa ó de frutos secos. Y en las arterias principales de esos barrios, franquicias y más franquicias de tiendas de ropa de diseño, de establecimientos de comida rápida, de tabernas que quieren aparentar casticismo y no lo consiguen ni de lejos, de establecimientos en resumen, que son los tentáculos de un gran pulpo económico que todo lo quiere y casi todo lo consigue...El pequeño comercio tradicional pasó a la historia, el bar de barrio, la panadería de toda la vida, los cines. Todo se fue al cuerno, gracias a la ampliación de horas de comercio y de días festivos abiertos al público. Paradógico, ¿Verdad? La liberalización de horarios y la ampliación de dias festivos en los que un comercio puede abrir al público, ha acabado con estos. Y con la vida en los barrios. Y con el reparto de la riqueza en estos. Ahora la riqueza y el empleo que todo este tegido comercial que había en el Madrid de los ochenta está en manos de unos pocos. Para darse cuenta de ellos no hay más que dar un paseo por la Gran Via de hoy, y un paseo en nuestra imaginación y nuestra memoria, por la de hace veinte años. La de hoy llena de estos grandes chiringuitos de ropa de marca, de iconos de la moda, que llenan la Gran Vía por acá y por allá. La de ayer, el Broadway español, llena de cines, de teatros, de cafés, de tiendas de música, donde se daba cita una variedad asombrosa de tribus urbanas.

El Madrid de hoy es coto privado de unos pocos privilegiados. En el de los ochenta era de todos. En los ochenta se trabjaba para vivir ó para sobrevivir. En el de hoy se vive para trabajar. En una ciudad en la que la pobreza es moneda de uso comun, con unos precios de la vivienda por las nubes, y unos servicios cada vez más deficientes, Hace veinte años, Madrid era la capital de un pais emergente, que intentaba progresar, pero de una gente feliz, que sabía disfrutar de la vida. Hoy es la capital de un pais que dicen que es de los diez paises más ricos del mundo. Eso dicen al menos la cifras macroecónomicas. Pero la gente que vive en esta ciudad dista mucho de ser tan felíz como lo era la gente de los ochenta.

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