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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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viernes, 6 de marzo de 2009

rojo, AMARILLO, rojo II


Jesús tiene una pequeña tienda de ropa, heredada de sus padres. Mientras sus dos hermanos, buenos estudiantes, acababan sus estudios universitarios, Jesús, mal estudiante, mostró desde temprana edad cierto interes por el negocio familiar, al que se dedicó a trabajar junto con sus padres. Eran los años ochenta, en una España en plena expansión, recién integrad en la CEE. En aquella época con los ahorros de toda la vida y con alguna ayuda de los bancos, ampliaron el negocio. Compraron el local vecino a su tienda de confección y la ampliaron, y compraron otro local en otro barrio de Madrid y abrieron una tienda nueva. Llegaron los noventa, y vino la jubilación de los padres de Jesús. Tendría que avanzar solo a partir de ahora, contratar dos dependientes más que cubrieran las bajas de sus padres, y afrontar los nuevos tiempos que traían bajo el brazo una feroz competencia de las grandes superficies y de las grandes cadenas de boutiques, cada vez más numerosas. Fue la época en que Jesús, emprendedor incansable, decidió diversificar el negocio y abrir una nueva tienda, esta vez de calzado. La crisis de principios de década la aguanto bien, aunque las ventas bajaron, pero lo peor estaba por llegar.
Llegó el cambio de siglo, el avance de la informática y de las nuevas tecnologías, el cambio de moneda. Todo ello lo asumió nuestro protagonista con un caracter con la intelgencia que le caracterizaba. A todos esos retos respondió. Abrió tres tiendas más. Dependían de Jesús más de treinta empleados. Pero el viento empezó a soplar en contra. El gobierno de la comunidad de Madrid decidió dar licencia para la apertura en veintidos domingos ó festivos al año. Dicidió también dar librtad de horarios. Los bancos cerraron el grifo del crédito. El consumo se redujo. Y el poco consumo que había se lo llevaban los grandes centros comerciales y las grandes cadenas de tiendas, las cuales podían afrontar mejor que Jesús las acometidas de la crisis, pagando sueldos de miseria a sus empleados, mientras que para Jesús adaptarse a la libertad de horarios suponía un esfuerzo económico enorme. Eso por no hablar de una fiscalidad que penaba al pequeño emprendedor.
Marzo, 2009. Jesús ha vuelto a ponerse, como cada día desde hace año y medio, detras del mostrador de la vieja tienda de sus padres. Es la única que le queda de las seis que llegó a regentar. En la tienda trabajan el y su mujer, como hace años lo hicieron su padre y su madre. Los empleados pasaron a la historia. Como dice Jesús -"Para la venta que hay"- Los tiempos han cambiado y su viejo barrio tambien. Antes su calle estaba llena de vida, de tiendas como la de sus padres, de negocios como el que sus padres inauguraron allá por los años sesenta. Ahora solo hay tiendas de todo a cien regentadas por chinos y alguna boutique de una gran cadena de tiendas, con empleados e no más de treinta años, con contrato precario, cobrando no más de ochocientos euros al més. Sin comisiones. Sin relación con las ventas de la empresa. ¿Para que? Si las cadenas de tienda ya no tienen competencia, la venta es segura. El que pierde es el cliente, que pronto se encontrará con dos marcas que harán oligopolio para todo, empezando por los precios. También pierde el barrio, con sus locales vacíos, con su empleo por los suelos. -"¿Que le va a quedar a la juventud?"- Se pregunta Jesús asqueado de todo-"yo ya tengo la carrera hecha. Aguanto aquí los ocho años que me restan para jubilarme, y luego Dios dirá".

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