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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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lunes, 9 de marzo de 2009

Slumdog millonaire


Slumdog millonaire ha sido la gran vencedora de la última entrega de los premios de la academia cinematográfica de Holliwood, los Oscar. En la ceremonia pudimos ver a los dos niños protagonistas de la cinta. Fueron sacados por el direcctor de sus chabolas en Bombay, y vía aerea embarcados para la gran cita en Los Angeles. Por unos días, los dos pequeños, pudieron disfrutar de la magia con que te envuelve la fama. Hoteles de lujo, buena comida, visita a Disneyworld, cámaras, flashes. Era como si el hada madrina les hubiera sacado del infierno de su vida en la chabola donde nacieron, y por arte de magia les hubiera transportado al pais de las maravillas. Pero los sueños, sueños son. Tras haberlos paseado por Holliwood, y agasajarlos con unos lujos inimaginables para unos chicos que el único lujo al que tenían derecho era su propia vida, la industria de los sueños, los ha devuelto al entorno cruel en el que han crecido: Uno de los barrios de chabolas más grandes de Asia. Y decir más grande de Asia, es decir de los más grandes del mundo. ¿Puede haber peor tortura? Nos cuentan que el niño, tras volver a su hogar, a retomar su vida junto a su padre alcohólico y tuberculoso, se ha sumido en una profunda depresión acompañada de nauseas, de mareos y de un estrés traumático. Nos cuentan, también, que su progenitor ha visto en el niño una mina de oro, y que incluso le ha pegado al negarse este a conceder una entrevista, pactada y cobrada, a unos periodistas. De aquí saldría un estupendo guión para una película, ¿verdad?
Estas son las víctimas de la dichosa globalización. Occidente, opulento y caprichoso, coge a un niñito en los suburbios de uno de los paises con más injusticias sociales del mundo por kilómetro cuadrado, lo hace una pequeña estrella, para después devolverlo a la cloaca de donde lo ha sacado, sin sentir tipo alguno de escrúpulo por ello. Tétrico, ¿verdad?. Occidente, pendiente solo de consumir más y más, saca lo mejor de estos paises cada día. Sus recursos, su mano de obra barata, sus cerebros. Pero a Occidente le inporta un bledo, si a consecuencia de esto, esta pobre gente pasa frio ó calor, hambre ó sed, alegría ó tristeza. Lo verdaderamente importante son los números, los resultados; en el caso de esta película, que sea la más taquillera. Poco importa la vida de dos pobre niños indios, aunque ellos sean dos de los protagonistas de la "peli". Los millonarios ases del balón le dan patadas a un balón fabricado por ellos; las famélicas modelos con sonrisa profidén y pechos operados, pasean por Mílan, París, Nueva York, Barcelona ó Madrid, con modelitos de lo más fashion confeccionado por ellos. Vemos la bazofia que nos sueltan en las distintas cadenas de televisión, en aparatos ensamblados por ellos. En jornadas interminables, por una miseria de sueldo. Ahora también, sus niños protagonizan las cintas dirigidas al público occidental, sin que ello cambie para nada su entorno cruel é injusto.
Pensadlo de ahora en adelante, cuando veáis a vuestro ídolo pegar un derechazo a una pelota de fútbol, a la princesa e vuestros sueñon vestir una prenda fashion, cuando paseis por el escaparate de la boutique de moda o de la tienda de calzados de moda ú os compreis el chandal o las zapatillas esas de marca que tanta ilusión os hace. Pensad en los pequeños actores que salen en Slumdog millonaire.

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