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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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jueves, 9 de julio de 2009

China


A mediados de los ochenta y en la década de los noventa, los malos (Los grandes oligarcas que quieren monopolizar la economía mundial), pusieron sus ojos en la China comunista. El proyecto, era convertir a la República Popular China, en la fábrica mundial. Empezaron para ello a recortar la demanda en los países industrializados de occidente, recortando los sueldos, la protección social, el llamado "estado de bienestar". Se cargaron la productividad en Occidente, y la trasladaron al gigante asiático. Convirtieron a los países industrializados, en potenciales consumidores, improductivos. ¿Y como iban a convertir a Occidente, en el paraíso improductivo, consumista de todo lo que ellos fabricaran en China, si estaban recortando la capacidad adquisitiva de los ciudadanos occidentales? Mediante el crédito. Ahí, entraban en escena las entidades financieras. Todo calculado, milímetro a milímetro. Pero los malos, no contaban, por ejemplo, con que los habitantes de la fábrica global, los chinos, estaban hasta los bigotes de la férrea dictadura comunista, y querían libertad. Querían mejores condiciones de vida, mejores salarios, en definitiva, una vida libre y no atada al destino de una feroz y represiva dictadura maoista, que se había llevado por delante, miles y miles de vidas, en el país asiático, y se manifestaron en masa en la plaza de Tianangmen. La represión fue feroz, por parte de las autoridades comunistas chinas. No contaban los malos, con que los tibetanos, aplastados por la "bestia roja" en sus montañas, no querían formar parte de esa fábrica global, y lo pusieron de manifiesto el pasado año, con las violentas y violentadas manifestaciones del Tibet, meses antes de las olimpiadas celebradas en Pekín. La represión, una vez más, fue de los mas feroz, con miles de muertos y represaliados. No contaban los malos, con que la minoría, turcomana, musulmanes que viven en el noroeste de China, tampoco querrían formar parte de este inmenso imperio esclavista. Y así, en estos días, se han revelado, en un intento de cortar sus cadenas. La represión, está siendo igualmente feroz, por parte de las autoridades chinas. En los tres casos, Occidente, mira para otro lado. Los títeres (Políticos al servicio de los malos, oligarcas, monopolizadores), no se pronuncian. Los malos no quieren que nadie les chafe, su proyecto de nuevo orden mundial, en el que la dictadura china, es el ideal de los sistemas políticos para ellos. Un estado, dos sistemas. Una masa de esclavos, miserables, que trabajan para las grandes compañías transnacionales de Occidente por una mísera soldada, dirigidos por el Partido Comunista Chino, que no permite ni un ápice de libertad. La ropa de marca que vemos en los escaparates de nuestras tiendas, los coches, los electrodomésticos, los ordenadores, el calzado, casi todo lo que consumimos en Occidente, es fabricado en el paraíso de los trabajadores, en unas condiciones lamentables. El invento, se le tambalea a los malos. Nadie, absolutamente nadie, es capaz de vivir en la esclavitud, por un tiempo ilimitado. Los esclavos acaban por pensar que no tienen nada que perder si se revelan, y si mucho que ganar. Esta, y otras rebeliones que vendrán, son el principio del fin, de la gran pirámide, que los malos están construyendo, a costa del bienestar de la gente. Al tiempo.

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