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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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lunes, 12 de octubre de 2009

JAPÓN


Hasta hace 2 décadas, Japón era por excelencia el dragón asiático. Su tecnología invadía los mercados, su laboriosidad puso en crisis, por ejemplo, el mercado del automovil en Estados Unidos. ¿Quien no tenía en este mercado global, algo de tecnología japonesa en su casa?. Pero vinieron los años 90, y se vieron inmersos en una gravísima burbuja inmobiliaria producida por bajos tipos de interés, especulación salvaje y sobreendeudamiento. ¿Les suena?. Estamos en 2009, han pasado casi 20 años, y Japón sigue inmerso en la más cruenta crisis económica que podría afectar a una de las primeras economías mundiales. El paro azota al país del sol naciente, como nunca antes. Se ven cada vez con más frecuencia gente que ha quedado fuera del sistema, tirada literalmente en los parques públicos de Tokio. Gente perteneciente a todos los estratos sociales: Obreros, ejecutivos, profesionales liberales, jóvenes con empleo precario y temporal. Son las consecuencias de dos décadas perdidas, de dos décadas de mentira, de cifras macroeconómicas ficticias, de pérdida de valores, de crecimiento constante como único objetivo, de hiperendeudamiento, de crédito fácil, de nulas políticas sociales, de hacerse trampas al solitario; en definitiva, dos décadas de infamia.

Esto me hace llegar a la siguiente reflexión: Si Japón, con su productividad, con su laboriosidad, con su tecnología, está así; ¿como nos tocará estar a nosotros, tras haber caído en los mismos pecados que los japoneses?. Veremos.

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