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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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miércoles, 31 de marzo de 2010

Turismo Semanasantero.

En estos días en Salou, hay unas jornadas "deportivas y de convivencia" para jóvenes británicos. Entrecomillo lo de deportivas y de convivencia, porque ayer salían por televisión las quejas de los vecinos, por las vomitonas, el ruído, las meadas callejeras, y demás barbaridades; las cuales, no son permitidas ni de coña en sus países de origen.
Este hecho, me lleva a reflexionar, sobre si la primera industria nacional atrae turismo de calidad, o no.
Hay diferentes opiniones sobre el país que ocupa el primer lugar entre las potencias turísticas del mundo. Hay quien dice que está entre Estados Unidos, Francia, Italia. Sea cual sea la opción escogida, nuestra España siempre ocupa un buen y atractivo segundo puesto. Imagino que este tipo de estadísticas tendrán en cuenta solamente la cantidad y no la calidad del turismo. ¿Se acuerdan de aquello de "Premio al turista un millón" de épocas pretéritas?
Queda clara una cosa, los españoles si algo sabemos hacer, son pisos y vender nuestro sol y playa; y queda claro también que lo hacemos rematadamente mal. Francia, por poner un ejemplo, optó hace años por un turismo de calidad, mirando más esa calidad del turista que la cantidad de los mismos. En el país galo, se mira más lo que se va a dejar allí los que acudan a visitarlos, que la cantidad de los mismos. Aquí no. Aquí optamos desde hace años por destrozar nuestras costas, por malvender nuestro patrimonio y por apostar por la cantidad, en beneficio, por supuesto; como no, de unos cuantos. El resultado está ahí, en Salou, en esta Semana Santa; vomitonas, meadas, desenfreno, vandalismo, borracheras...
Luego está por supuesto el turista patrio. El españolito de a pie. No se ha viajado tanto, fuera y dentro de nuestras fronteras, como en estos últimos años. El español ha copiado a sus vecinos europeos, eso si; sin su poder adquisitivo real y echando mano del crédito. Ahora, cuando pintan bastos, el personal se acuerda del primo del pueblo, o de la casa de los papás en "Villarica del Melonar", de donde son oriundos y donde se compraron una casita fruto de su esfuerzo y de su trabajo. Si, a tenor de la crisis, hemos vuelto a nuestras raíces pueblerinas; y allá vamos en la semana de pasión, rememorando la odisea que vivíamos de pequeños en el coche de nuestros padres camino del pueblo. Allí volveremos a encontrarnos con el primo del pueblo, con el primer amor de un verano ya lejano, con las procesiones del pueblo, seguidas con sencillez y fe sinceras. Eso o quedarnos en la "City", llenando sus ya de por si atestadas cafeterías y restaurantes, comiendo sus viandas infladas de precio, pidiendo para beber una jarra de agua y dos vasos; que el agua es muy sana, muy saludable y sobre todo, gratis.

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