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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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lunes, 19 de abril de 2010

La Ínsula Barataria.

Nadie pone en duda a estas alturas de que el Quijote es una obra inmortal, irrepetible, única, sin parangón, en las literaturas patria y universal. El Quijote, fue, es y será siempre un análisis psicológico de la personalidad del español medio. Una contraposición de dos personajes; de un hidalgo venido a menos, de mente calenturienta, empeñado en deshacer entuertos y repartir justicia, armándose caballero; y de un escudero, bonachón, ganapán, que no duda en dejar casa y familia, en pos de seguir a su loco amo, en pos de promesas de soldadas y de, incluso, la gobernación de una ínsula. Cervantes da cita en la inmortal obra al visionario; que no duda en poner empeño y hacienda en resolver tan loca tarea, y al realista; que pone en una balanza las consecuencias de quedarse en su casa a vivir su triste realidad o de seguir al visionario y vivir un sueño, venciendo finalmente la última opción, pues esto, como decíamos, puede, incluso llegar a sacarlo de la pobreza.
¿A que viene todo esto?; dirán ustedes. Pues viene, a las informaciones sacadas a la luz pública por el diario "La Gaceta", sobre el patrimonio inmobiliario del actual presidente del Congreso de los Diputados, Don José Bono (Por cierto, expresidente de ese lugar de la Mancha, de cuyo nombre, Cervantes no quería acordarse). Viene, también a colación de las informaciones aparecidas en los medios de incomunicación referentes al, también patrimonio inmobiliario, del expresidente de Baleares y exministro del "PPOE" (Así es como llama al PP, últimamente, Jiménez Losantos), Don Jaume Matas.
No, yo; ni nadie, creo, somos quien para juzgar a estos dos personajes. Allá la justicia, la opinión pública y las urnas, se las entiendan con ellos. Decir, si, que el diario "La Gaceta", como muy bien ha puntualizado su director, Carlos Dávila, no acusa a Bono de nada malo, ni de haberse apropiado de nada, ni de nada ilegal. Solamente ha publicado en primicia, el patrimonio del señor Presidente de las Cortes, o mejor dicho, la parte de ese patrimonio que, según parece, se le olvidó al propio Bono hacer pública. Lo dicho; doctores tiene la Santa Madre Iglesia.
Pero, es que esto, me ha llevado a reflexionar, y en mi reflexión, me he llegado a preguntar por ese afán de nuestros "líderes políticos" por la cosa inmobiliaria, por amasar ladrillo, por la propiedad, directa o indirecta de suelo. Me he preguntado, si visto lo visto y echando la vista atrás hacia las políticas referentes al suelo y a su recalificación, no es moralmente reprochable el compulsivo "amasamiento",por parte de los mismos, de propiedades inmobiliarias a lo largo y ancho de las diferentes "satrapías" en las que han dividido la nación. Ojo; no vayamos a liarla, no estoy diciendo, que no estén dentro de la legalidad, estoy reprochando la conveniencia o no del acto de comprar compulsivamente, ora un ático en la zona noble de la capital, ora una finca, ora un palacete, ora...
Digo esto, porque estos, "nuestros queridos y amados gobernantes", han sido los responsables de las políticas inmobiliarias y crediticias, que han puesto tan altoel listón del acceso a una vivienda digna a la mayoría de la población de este país. Digo esto, también, porque han sido ellos, y no otros, los responsables de inflar la burbuja inmobiliaria, que más pronto que tarde, nos va a llevar a la ruina a todos. Lo digo, porque cuando estos "Sanchos Panzas" salieron de su lugar en pos de su señor "Don Quijote", a deshacer entuertos y repartir justicia, no contaban con todo ese patrimonio. Antes de ser nombrados por su "Señor", gobernadores de esta Ínsula Barataria, no tendrían, a buen seguro ni dos palmos de tierra donde descansar sus posaderas. Repito. No pongo en duda su legalidad, si su moralidad.
A veces, la legalidad se cruza con la moralidad, no van paralelas, no van unidas, no van en el mismo vagón del tren. Uno puede hacerse mediante las urnas, servidor público, y dictar leyes sobre esta o aquella manera de construir y de poner en manos de los paganos de turno, el suelo para una vivienda, y puede con las mismas, aprovecharse de la rápida subida de precios que llevan atadas a sus espaldas sus políticas inmobiliarias, comprando propiedades acá y acullá. Será legal, no moral. Porque a todo esto, a esta gente no le ha dado por poner en marcha una fábrica de algo, una industria, una cadena de mercerías o un taller de reparación de boinas. No; a todos les ha dado por lo mismo; pisos, áticos, locales, terrenos, palacetes y demás.
Como pueden ver, a veces la moralidad choca con la legalidad, y es mejor, como Sancho, darse cuenta a tiempo de que uno no está hecho para gobernar ínsulas, y si para laborar la tierra y vivir en paz, con su propia conciencia, y con el común de las gentes.

1 comentario:

Zadlander dijo...

¡ENHORABUENA! Te acabo de conceder un Premio 11 de Abril, debido a la defensa de la libertad.

Puedes venir a recogerlo y a informarte pulsando aquí.