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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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martes, 25 de mayo de 2010

Tontilandia Show: Dos hispano-parlantes, hablando mediante traductor.

No me gusta que al español, se le ponga el apelativo, el gentilicio de, castellano. Será, quizá, digo yo, por haber nacido a cuarenta y cinco kilómetros de la frontera portuguesa. Allí, en mi tierra en los pueblos próximos a la raya, se ha hablado siempre en español, en contraposición a los habitantes del otro lado "da raia", que hablan, lo han hablado siempre, portugués. A ambos lados de la frontera, para entendernos, hemos mezclado siempre los dos idiomas, y eso, dio a luz, una criatura llamada "portuñol", no "portullano" (Portugués y castellano). Como decía Luís Chamizo; "Nusotroh semoh asina".
Dejé mi tierra, como muchos, para mejorar, para prosperar, para buscarme la vida. No se si lo conseguí, pero lo que tengo claro, es que me traje conmigo, metidas en la maleta, muchas de las costumbres de mi lugar, y una de ellas es la de hablar en español, no en castellano. La lengua de los españoles, de todos los españoles; de catalanes, de vascos, de gallegos, de baleares, de valencianos, de andaluces, de extremeños, de todos los que conformamos esta realidad llamada España.
La mayoría de lingüistas, puristas de la lengua, etnógrafos y estudiosos del español en general, dan por sentado que la génesis del español actual, que la semilla de la que germinó nuestra lengua, se haya en el castellano antiguo. Seguramente será así. No soy yo quien para rebatirlo. Yo pienso, y me baso para ello en la pura lógica, que el español actual, nace por la necesidad de los distintos pueblos de la península por entenderse. El catalán, tenía necesidad de entenderse con el vasco, con el gallego, con el castellano, y de ahí el germen de la, hermosa y culta, lengua que, a día de hoy, pasado el tiempo, tenemos el orgullo de hablas más de cuatrocientos millones de personas. En resumidas cuentas, viendo hoy, lo que pasa en los barrios hispanos de Nueva York, Los Ángeles o Miami, con el "espanglish" (Mezcla de español e inglés), o como he mencionado ya, en la raya hispano-portuguesa con el "portuñol", lo mismo sucedió aquí, en el pasado, en los estertores del medievo, con nuestro español. Porque en el español, hay palabras de origen gallego, vasco o catalán. No me voy a parar mucho en ello, más bien, doctores tiene la Santa Madre Iglesia. Quede constancia, eso si, de que el español, es tan de Valladolid, como de Sevilla, tan de Cadiz, como de Barcelona, tan de Bilbao, como de Badajoz, tan de Las Palmas de Gran Canaria, como de Palma de Mallorca. Es la lengua común de todos, por tanto no extraña a ninguno.
¿De todos? De todos, no. Del señor Montilla, andaluz de nacimiento, cordobés para más señas, hispano-parlante por lo tanto, parece que no, pues ayer, como ya anunciamos aquí en pasadas semanas necesitó de un traductor, para dirigirse al senado de la nación. Esto, nos costó a todos seis mil quinientos euros del ala. Nada, pecata minuta. Si, ya lo se. Es rocambolesco, disparatado, estúpido, kafkiano, absurdo, que un grupo de hispano-hablantes, reunidos en sesión plenaria en el Senado de la nación, necesiten de un traductor para entenderse.
Es la foto de la crisis, o una de ellas. Un andaluz de Córdoba, José Montilla, dirigiéndose a un andaluz de Sevilla, Manuel Chaves, en catalán, con un traductor de por medio.
Una representación irreal de la sociedad, porque allí donde fue alcalde el señor Montilla, en Cornellá de Llobregat, la gente habla el castellano y el catalán, con absoluta normalidad, sin necesidad de traductor, sin imposiciones. Allí donde es presidente, ya le queda poco, se habla, a pie de calle, a pie de obra, en los cafés, en los restaurantes, en las gasolineras, sin traducción simultanea, en español o catalán, indistintamente.
En fin. Es lo que hay. España, la oficial.

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