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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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sábado, 5 de junio de 2010

La Obra Social.

Hasta hace nada, Martín, podría ser considerado como un hombre de éxito. Trabajaba exitosamente en una agencia inmobiliaria, se casó hace cosa de 10 años, con una chica guapisima, inteligente, buena persona, con la que tuvo sus dos hijos. Una vez le oí decir al entrenador de fútbol, Luis Aragonés, que la suerte, en si, no existía, que solo existía la buena o la mala suerte. Estoy de acuerdo con Aragonés.
A lo que vamos, la suerte de Martín, como hemos dicho, podría decirse que era buena, o muy buena; su trabajo en la inmobiliaria le reportaba cuantiosas comisiones, su mujer también gozaba de una inmejorable situación laboral. En 2005, decidieron comprarse un adosado en la periferia de Madrid, en una de las nuevas zonas de media-alta posición. Era la época dorada del ladríllo, sector que Martín conocía a la perfección, por lo que se decidió a invertir no solo en una primera vivienda, sino que, viendo lo que estaba sucediendo con el dorado ladrillo entonces, se decide a invertir en un inmueble más. Este segundo inmueble fue destinado al alquiler. La ecuación es clara; compro a tanto, me hipoteco, alquilo y el inquilino me paga la hipoteca. Simple, sencillo, negocio redondo y, repetido desgraciadamente, en nuestra querida España. Todo era felicidad en la vida de nuestro amigo Martín. Dice el refrán, que no hay mal que cien años dure. Lo mismo podríamos decir de la felicidad.
Hacia el 2007, la cosa empezó a cambiar; la burbuja inmobiliaria empezó a desinflarse, los ingresos de Martín empezaron a caer, la segunda vivienda que compró, como inversión, quedó vacía, los inquilinos le dejaron de pagar, y nuestro amigo, tuvo que hacer frente a dos hipotecas con el único ingreso de su sueldo, si, de su sueldo, porque su mujer, se quedó sin trabajo.
En el 2009, el año pasado, Martín la acompañó en las estadísticas del INEM, la inmobiliaria quebró. Entre los dos cónyuges solo pudieron hacer frente a pagar la hipoteca del piso familiar, de su vivienda. Al garete se fue el BMW, el segundo piso que compraron como inversión, un Mondeo que Martín compró a su mujer, todo.
A principios del mes pasado, nuestro amigo Martín, su mujer, sus dos hijos, perdieron también el piso familiar. Años de trabajo, de esfuerzos, de sueños, ejecutados por la caja.
Ahora, Martín vive de prestado, con su mujer, con sus hijos, en el piso de sus padres. Percibe la ayuda de 420 euros que "generosamente" el gobierno da a los parados. Su mujer ha encontrado trabajo en la hostelería, a media jornada.
Los padres de Martín, su mujer, sus hijos, el, viven en el mismo bloque, puerta con puerta, que quien escribe estas lineas. Por supuesto, el nombre de Martín, dado aquí por mi, es inventado, pero el personaje es real, existe, es, ahora, vecino mío, conozco su tragedia, una tragedia que va siendo común, poco a poco, a cada vez más españoles.
El último acto, el último capítulo de la tragedia de ésta familia, cuya historia conozco bien, sucedió hace dos días; Como digo, vivo puerta con puerta, con el piso de los padres de Martín. Tengo la mala y fea costumbre de fumar, y por ello, para no tufar a mi compañera, tengo el balcón como zona de fumadores en mi casa, por cierto, casa de alquiler, pues no me puedo permitir tenerla en propiedad. Martín tiene también esa fea costumbre de fumar, así pues, mi vecino Martín y yo, hace dos días, al anochecer, estábamos cada uno en nuestros respectivos balcones, contiguos los dos, machacando nuestros pulmones. Entre calada y calada al venenoso cigarrillo, hablamos del tiempo, de la vida, de la situación suya, de la mía, en un momento dado, Martín saca lo que parece un talonario de cheques del bolsillo de su camisa. Efectivamente, es un talonario, pero no de una cuenta corriente, es el talonario de la obra social de una caja de ahorros. Cada talón es canjeable por comida, por enseres, por pañales, en definitiva, por elementos de primera necesidad. Se da la paradoja, que la caja de ahorros, que tan "generosamente" ha dado esa ayuda a Martín en forma de talonario, es la misma que a principios del mes pasado le dejó sin techo.
Sin comentarios. La crueldad, puede llegar a servirse en bandeja de plata o en su defecto, en talonario de ayuda, de obra social, de solidaridad, mal entendida de los pájaros de mal agüero que sobrevuelan nuestras vidas.

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