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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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viernes, 11 de junio de 2010

Las Cajas.

Surgen en el siglo XIX, y tienen como antecesores a los Montes de Piedad, creados por iniciativa de la Iglesia Católica en el XVII y XVIII. Éstos, a su vez tienen como antecesores a los Pósitos; entidades de crédito destinadas al acopio de grano, principalmente trigo y centeno, para prestárselos a los labradores a un interés moderado en épocas de escasez del mismo.
La idea de poner en funcionamiento las Cajas de Ahorro, surge después del reinado de Fernando VII, y su función era, básicamente, la misma de los Pósitos y los Montes de Piedad; favorecer el crédito a los pequeños y medianos agricultores, con el fin de evitar la usura, para con ellos.
En conclusión; fueron creados para favorecer el crédito a las clases más desfavorecidas, con carácter de beneficio social a las mismas, sin ánimo de lucro, con mucho retraso en España, pues estas entidades funcionaban ya en el resto de Europa desde el siglo XVII.
En 1835, por Real Orden, firmada por el Ministro del Interior, Don Diego Medrano y Treviño, se insta a los gobernadores civiles a que impulsen en sus respectivas provincias la creación de cajas de ahorros, implicando en ésta tarea a las personas "pudientes" y con "espíritu filantrópico" o disponiendo de los medios públicos que fueran necesarios al efecto. Tras la creación de la Caja de Ahorros de Madrid el 25 de octubre de 1838, aparecen las de Granada, Santander, Sagunto, Valldolid, Sevilla, La Coruña, Barcelona, Valencia y Sabadell, todas en los 20 años siguientes a la fundación de la caja madrileña. Todas quedan vinculadas a los antiguos Montes de Piedad. La razón de ésta vinculación es la falta de confianza en el crédito oficial, que en otros países europeos era el destino principal de las inversiones hechas con los fondos de las Cajas de Ahorro.
El segundo gran impulso a la creación de cajas de ahorros, se produce el 29 de junio de 1853. En ésta fecha, se firma un Real Decreto que representa la primera legislación en materia de entidades crediticias sin ánimo de lucro, siendo una normativa reformista y excesivamente rígida. Éste decreto confiaba el protectorado de las cajas al Ministerio de Gobernación y obligaba a su creación en todas las capitales de provincia, a iniciativa del gobernador civil. En la práctica la disposición más importante del Real Decreto, está en su artículo 4º, que obligaba a depositar en la Caja General de Depósito y Consignaciones el capital no invertido en los Montes de Piedad. Ésta Caja General era un organismo estatal que tenía la función de invertir en títulos de déficit consolidado. Así, por primera vez aparece la vinculación de las cajas de ahorro a la financiación del déficit público, vinculación que provocó la protesta de las juntas rectoras de las cajas de ahorro por desconfianza en la solvencia financiera del Estado, desconfianza que se manifestó en la importante baja de las imposiciones en los años 1853 y 1855. Como pueden ver, viene de antiguo, el mangoneo de los políticos en las cajas de ahorro. De todos modos, el Real Decreto de 1853, solo fue aplicado de manera parcial, pues no fueron creadas cajas de ahorros en todas las provincias. La crisis financiera que afectó parcialmente al déficit público a partir del año 1865 demostró la desconfianza en el mecanismo de la Caja General Estatal y provocó dificultades a las cajas de ahorro. ¿Les suena?
El 29 de junio de 1880, vería la luz una ley, con un carácter totalmente opuesto a la de 1853; anula los aspectos uniformes y respeta la realidad diversa en la gestión y promoción de las cajas. La aprobación de los reglamentos y estatutos de las cajas no está sujeta a su homologación, ni a un modelo determinado. Se remarca el carácter benéfico de las cajas, pero sin someterlas al régimen uniforme de las instituciones de carácter municipal, reconociendo el origen privado de muchas de las entidades en funcionamiento.
En el siglo XX, la evolución de las cajas está ligada a la transformación del concepto de beneficencia y la progresiva sustitución de ésta por el concepto de seguro social. El Instituto Nacional de Previsión se crea en el año 1908 y el sistema de seguros sociales cubre solamente una pequeña parte de las necesidades de los asalariados, fundamentalmente las pensiones para la vejez. Desde entonces hasta nuestros días el número de cajas ha ido en aumento, manteniéndose más o menos, ceñidas al objetivo por el cual nacieron, que es dar un servicio a toda la sociedad. Las cajas de ahorro se ha ido convirtiendo en auténticas entidades financieras, ofreciendo a sus clientes una completa gama de servicios, compitiendo con el resto de entidades bancarias hasta alcanzar más de un cincuenta por ciento de cuota de mercado.
En el último cuarto del siglo XX, se ha producido un proceso de concentración de las cajas más pequeñas con el fin de ganar competitividad. Generalmente esta concentración se produjo en un inicio entre entidades de la misma Comunidad Autónoma, se permitió, a su vez, la implantación de las distintas cajas o cajas derivadas de fusiones, fuera de la unidad provincial o/y regional. Después de la Transición, se politizan excesivamente los consejos de administración de las mismas, empezando a atender a los intereses políticos, en vez de atender a los intereses sociales, para lo cual fueron puestas en funcionamiento.
En la primera década del siglo XXI, hemos asistido a la intervención del Banco de España en dos cajas de ahorro, Caja Castilla la Mancha y Caja Sur. En ésta primera década de éste siglo, hemos podido comprobar la actuación de las cajas en la "burbuja inmobiliaria", que hemos padecido, en el crédito fácil a empresas vinculadas con la construcción, y la denegación del mismo a particulares y a las clases más desfavorecidas. En éste inicio de siglo, las cajas se han comportado, en definitiva, como entidades de crédito con ánimo de lucro, alejándose del cometido para el que están diseñadas. Como resultado, se están produciendo fusiones entre ellas, de dudoso buen resultado para las mismas. La última ha sido realizada entre Caja Madrid y Bancaja, por intereses políticos más que por intereses estratéjicos y financieros.
Algunos, abogan por la desaparición de las cajas como entidades públicas y de interés social, y la privatización de las mismas. Ésto, no deja de ser, además de absurdo, peligroso. Estamos en un país, donde la falta de entidades que atiendan a la demanda de pequeñas y medianas empresas y particulares, es patente. A veces una retirada a tiempo, es una victoria, o por lo menos, no es una derrota. Si dejamos al margen los intereses de la gran banca española, ya de por si demasiado opulenta, los intereses generales nos llevan a patrocinar entidades crediticias que hagan posible el flujo de capital a las clases más desfavorecidas. No olvidemos que en España, por obra y arte de PP y PSOE, no hay banca pública. En un futuro, no muy lejano, alguien se echará las manos a la cabeza por las actuaciones de hoy con respecto a las cajas de ahorro, por el empujón de éstas hacia los grandes bancos. Quizá entonces, no haya marcha atrás. Quizá, ahora tampoco. Lo acabaremos lamentando.
En éste juego, como en todos, gana la banca.

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