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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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sábado, 17 de julio de 2010

Reforma Constitucional.

Algunos de los "mandamases" del PSOE, andan diciendo estos días a quien quiera oírlos, que quizá la idea de una reforma constitucional para dar cabida en la Carta Magna a las exigencias de determinados grupos políticos nacionalistas periféricos, no sea una idea tan descabellada, y que por tanto, no es en absoluto descartable.
La historia cíclica de España sigue sobre nuestras cabezas, como la espada de Damocles. A los españoles nos encanta reiterar errores, repetir fallos, cagarla, hablando en plata. La historia de la democracia en España y de las Cartas Magnas, que en nuestra patria han sido, o han intentado ser, es la historia de un fracaso repetitivo, de un "todo para el pueblo, pero sin el pueblo", de un despotismo, ilustrado o no, fuera de lo común y de los deseable.
Una vez más se atiende a las demandas de una casta, de una clase subida en el tren del poder, en contra de la mayoría de la gente, que espera ser gobernada con tino por esta clase, por esta casta.
Se quiere hacer una reforma constitucional, para dar cabida a las demandas que han sido votadas por los catalanes, si; por una mínima parte del pueblo catalán. Se proclama, majestuosamente, que se ha vulnerado la voluntad de todo un pueblo, como si la reforma estatutaria catalana hubiera sido votada por el 100% de la ciudadanía, cuando eso no es exactamente así.
Para dar validez a una consulta electoral, para la reforma de la Carta Magna, de un Estatuto de Autonomía, o de un acta de convivencia en una comunidad de vecinos, se requiere un refrendo para llevarla a cabo, eso es evidente, y además, se requiere un mínimo de participación de tres cuartas partes de la ciudadanía con derecho a voto en la misma, esto no ha sucedido.
Ahora, se pretende cambiar la "el acta de convivencia de los españoles", para contentar al 30% de la población catalana con derecho a voto y a su correspondiente casta gobernante. Disparatado.
Estoy de acuerdo con que la Constitución se reforme. "No se hizo al hombre para servir a la ley, sino la ley para servir al hombre", dice la biblia. Por ejemplo, puestos a reformar el "texto", se podría pensar en reformar, de paso, la ley electoral para que los ciudadanos empecemos a estar algo representados. Puestos a reformar, se podría pensar en reformar el número de "políticos, politiquillos y politiquetes", que pululan por Congresos, Senados, Diputaciones y Ayuntamientos patrios.
Si, queremos reformas, pero no reformas superficiales que no atiendan a nuestras necesidades y a nuestra convivencia. Para eso, mejor que no toquen nada.

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