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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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sábado, 24 de julio de 2010

"Siempre pagamos el pato los mismos"

Es lo que decía a quien la quisiera oir, hace unos días, una señora hiperalimentada, con cara de funcionaria del cuerpo de ujieres de una asamblea autonómica o de algún ayuntamiento de mediano-gran tamaño, en el aeropuerto de "El Prat", tras sufrir su vuelo con destino vacacional un retraso de muchas horas, por la repentina indisposición de los controladores aéreos españoles y por la repentina huelga, imagino de los franceses. A coro con ella, un señor con cara de vendedor de seguros a comisión decía a su esposa; "ya nos han jodido las vacaciones, Churri".
El cabreo apenas contenido del comisionista y la funcionaria (No se si ejercerán estas dos profesiones, pero por lo menos tenían cara de ello. Cada profesión deja una huella implícita en nuestro rostro, muy difícil de explicar aquí y ahora), y que a buen seguro tendrán toda la razón del mundo para ejercerlo, es el mismo que se puede ver cada verano, cada puente, cada Semana Santa, cada Navidad, en los distintos aeropuestos, estaciones de tren y estaciones de autobús de la geografía patria, cuando los que tienen la labor de transportarnos sanos y salvos a nuestros destinos, se ponen en huelga por las mermas que cada día las compañías de transportes aéreo o terrestres, infringen a sus convenios laborales.
Eso en una sociedad hiperconsumista como la nuestra es difícil de comprender. Queremos unos servicios, rápidos, de calidad y baratos, y para ello, las compañías no dudan en abusar de sus trabajadores. Nos hemos acostumbrado a la merma de derechos de quienes son responsables de nuestra seguridad durante un vuelo o un trayecto en autobús o en tren, de quien nos da de comer en un restaurante o una cafetería, de quien cuida de nuestros niños o nuestros mayores, de quien limpia nuestras calles o recoge nuestra basura, y cuando se les ocurre defender sus derechos, cuando ponen de manifiesto su desencuentro con quien pretende quitarles lo que es suyo, a nosotros, "pobrecitos", no se nos ocurre nada mejor que decir; "siempre pagamos el pato los mismos".
Yo, personalmente quiero, que el señor que es responsable de mi seguridad cuando tomo un avión, pilotándolo o controlando el tráfico en una torre de control, tenga unas buenas condiciones laborales. Lo mismo quiero para el responsable de que yo llegue sano y salvo a mi destino en un tren, en el metro o en un autobús. Lo mismo para el enfermero o el médico que me atienden a mi y a los míos, lo mismo que el señor que se ocupa de cocinar lo que me voy a comer cuando voy a un restaurante o el que me va a servir esa comida, lo mismo que el señor o la señora que va a cuidar a mis hijos, o los va a formar, o el que va a cuidar de mis mayores o de mi cuando lo sea. Y si digo; "siempre pagamos el pato los mismos", que estoy seguro que no lo diré, pero por si acaso se me ocurre, miraré al responsable máximo de esa empresa o al polítiquillo de turno, que desde su confortable sillón en su confortable despacho enmoquetado, tira de la cuerda cada vez más, para estrangular el bienestar de quien da un servicio a los demás.

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