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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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jueves, 26 de agosto de 2010

La Plaza Elíptica de Madrid.



Cuando un buen día de febrero de 2003, decidí hacer las maletas, dejar atrás el terruño y venirme a Madrid, no pensé, nunca, ni por asomo, que me iba a encontrar aquí parte de las prácticas laborales que en mi tierra, en el campo, son moneda de uso común.
En la Baja Extremadura (Provincia de Badajoz) y, me da en la nariz que en la Alta también, en los pueblos pequeños y encalados, existe la costumbre de que los jornaleros locales acudan a la plaza mayor del pueblo, ya caída la tarde y, apoyados en los soportales de la plaza esperen la acudida de los capataces de los grandes terratenientes o a los pequeños propietarios para que les contraten para trabajar el día siguiente en sus fincas. El contrato, por supuesto es verbal, no existe y, el jornal es en pagado en "negro". Así ha sido siempre y, me temo, así sigue siendo ahora.
Cuando llegué a Madrid y contaba estas cosas, la gente no daba crédito a mis palabras. Creían que les hablaba del medievo o del siglo XIX y no de la España del siglo XXI. De todos modos, allí, en el sur (En Andalucía también pasa), la gente del campo tiene ya asumida esta práctica. Las plazas de los pueblos allí, son las auténticas oficinas de empleo, las otras, las del INEM, se usan para la burocracia nuestra de cada día, para la mentira del subsidio de desempleo agrario y, para justificar la compra de votos de las pobres gentes del campo. En fin, es Extremadura, para desgracia de nosotros, los extremeños. El caso es que un día descubrí que en "El Foro", en la villa y corte, en la capital de la patria, en la cosmopolita Madrid, en la del "Manhattan Ibérico" de la Castellana, el "Broadway" castizo de la Gran Vía, el barrio "señorito" de Salamanca, en la ciudad donde pululan los cortesanos y cortesanas oficiales del reino, había una plaza, la Plaza Elíptica, donde se llevaba a cabo la misma práctica que en las pequeñas plazas mayores de los pueblos blancos de Andalucía y de Badajoz, mi tierra. Allí, todos los días, antes de que amaneciera, decenas de "sin papeles" esperaban a que pasaran los llamados "pistoleros", los capataces de las obras a contratar peones para el día o para la semana.
Ayer, pude ver y oir esta noticia en Tele Madrid: "Con la crisis, 1 de cada 10 personas que acuden a la Plaza Elíptica a buscar trabajo, son españolas". A los "sin papeles" se les han sumado los "con papeles" y los nacionales. Es la España real, la que está fuera de las estadísticas del INE, del INEM y del Ministerio de Trabajo. Es la España real, si, la de la economía sumergida que impide que a ZP, a Mariano, a los representantes de los sindicatos, a los representantes de la patronal y a toda la pléyade de chupócteros y mamandurrios que pueblan las distintas administraciones y nidos de la casta política, los corran a gorrazos, por la calle de Alcalá abajo.
Ahora empezamos a ser conscientes de que la gente que hacía cola en la acera de la Cafetería Yakarta, en la Plaza Elíptica, no estaba allí para un montaje fotográfico de un anuncio publicitario. Están allí, un día si y otro también, para repartirse las migajas que la estupidez y el liberalismo oculto les dejan. ¿Que pasará cuando la gente empiece a darse de hostias también por el trabajo precario, cuando ni la economía sumergida salve la desvergüenza y la inutilidad de nuestros "desgobernadores"?.
Me temo que lo peor está por llegar, a pesar de los mensajes optimistas gubernamentales y del buenismo estúpido y progre de unos y de otros, del pan y circo del fútbol, de la telebasura, del "radiopatio" rosa, de las princesas del pueblo y demás mareos de perdices habidos y por haber.

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