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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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jueves, 2 de septiembre de 2010

Falsas Esperanzas.


Hoy hemos amanecido con la noticia de otros 60.000 parados más tirados al morral del sistema. Queda manifiestamente claro, que estamos en un final de ciclo, en un final de estación; el sistema, aquí en España, en Europa, en Estados Unidos, en Japón, no da para más. Es incapaz de dotar de empleo a la totalidad de su población activa. Esto está claro, es así, no admite discusión. Hemos entrado en un mundo donde los intereses de la mayoría importan poco o nada, donde van a salir ganando las opiniones globalistas, aquellas para las que somos números, no seres humanos. El humanismo cristiano, ha sido enterrado, para desgracia nuestra, de todos, de la mayoría y, para regocijo de una minoría oligárquica detentadora del poder económico y político, en la sombra.
Veo, día a día, un sentimiento de culpa colectivo, precisamente en quien menos debería verlo, en quien menos deseaba verlo, en los componentes de las capas más bajas de la sociedad. "La culpa es nuestra, por querer vivir por encima de nuestras posibilidades", nos decimos con el puñal imaginario en la mano, a punto de hacernos el harakiri. Eso si, noto, que los principales responsables de la crisis, la minoría oligárquica que mangoneó en los "frenos" de la economía, para poder enriquecerse hasta el infinito, está saliendo indemne. Entonamos el "mea culpa" por nuestra avidez consumidora, por encima de nuestras posibilidades, a crédito, sin un "chavo", pero no veo a los "tiburones" decir; "crecimos por encima de nuestras posibilidades, crecimos por encima de lo conveniente, a crédito también, sin un miligramo de liquidez real". No, a ellos no se lo he oído. Ellos son, según algunos, los que tienen que sacarnos de aquí, los que tienen que generar empleo.
Dice Santiago Niño en su recomendable libro "El Crash del 2010", que probablemente durante estos años de atrás no podríamos haber crecido de otra forma a como lo hemos hecho. Puede ser. Repetimos; el sistema es y será incapaz en un futuro próximo de dotar de empleo estable y de calidad a una parte importante de la población activa mundial. Nos lo disfrazarán con esta o aquella propuesta, más o menos cínica,con más o menos mentiras, pero la cuestión es esa. Solo una gran catástrofe, natural o provocada, haría cambiar esta tendencia.
Claro está que eso, los políticos, los oligarcas, quienes dirigen los destinos del mundo, no se lo pueden decir así a la población mundial y, no por un tema de conspiración "judeo-masónica-bolchivique", no se lo puede decir, tan fría y tan crudamente, por la sencilla razón de que la sociedad está tan idiotizada que no lo creería. La gente tiende a ser optimista por definición. "Ya vendrán tiempos mejores", "ya lo arreglará alguien", nos decimos a nosotros mismos para contentarnos. El "Cortoplacismo" se ha instalado en la vida de todos, como podemos ver.
Hoy, en realidad, desde hace unos veinte años, la economía no necesita de tantos brazos para trabajar, para producir bienes y servicios, y tiene de sobra los consumidores que esos bienes y servicios necesitan para salir al mercado. Somos demasiados, los recursos naturales son finitos y la avidez de los oligarcas no tiene límite. Con esos mimbres, hecho está pues el cesto.
La realidad es tozuda y nos dice que; España es incapaz de crear empleo de calidad para la totalidad de sus ciudadanos, pero que no nos engañen, tampoco los demás miembros de la UE, ni los Estados Unidos, ni Japón, ni ninguna otra economía desarrollada del mundo. Que no nos engañen con su diferencia de cifras, en este país con respecto a otros. La economía globalizada no es capaz de dotar de empleo a todos, ni de repartir la riqueza, ni lo va a ser de mantener la paz y el bienestar.
¿Como se arregla esto? Parece difícil, complicado, sobre todo si nadie, sobre todo los del "vértice de la pirámide" no renuncian a la totalidad de sus postulados. En realidad, como suele suceder, todo es más fácil de lo que parece, esto se arregla volviendo a la economía real, ni más ni menos.

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