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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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sábado, 11 de diciembre de 2010

La Verdadera Historia de al-Andalus: Córdoba también se subleva.


Quien visite la ciudad marroquí de Fez, no solo podrá admirar la belleza de su medina, la suntuosidad de sus palacios, de sus murallas, la belleza de su parte antigua. A quien visite Fez, los guías turísticos le llevarán al barrio de los andaluces y podrá comprobar la belleza de la mezquita del mismo nombre, y la arquitaectura de un barrio que, como toda la medina es patrimonio de la humanidad.
En el siglo IX, andaluces eran, para los habitantes del actual Marruecos, los que provenían de la península ibérica, de al-Andalus. En ese mismo siglo sucede la primera expulsión de alguien, nacido en Iberia, por causa de su fe, de su etnia, de sus costumbres o de su procedencia. En ese siglo IX, muchos de esos expulsados llegaron a Fez y, levantaron el barrio de los andaluces y su bella mezquita. Sucedió así:
Año 818. Córdoba. Es emir al-Hakam I. La paz en el emirato es relativa; Mérida, Toledo, Zaragoza, Lisboa y sus territorios circundantes, escapan una y otra vez a la autoridad del emir. La paz en ellos es relativa y al-Hakam se ve obligado a mantener buenas relaciones, muy a su pesar, con los mandatarios principales de estas viejas ciudades, con los caudillos muladíes, hispano-godos convertidos al Islam que son mayoría en ella.
Al principio, en los inicios de la conquista, Córdoba, la capital del emirato, tenía un entramado social muy similar al de sus ciudades hermanas sublevadas, aunque cambiante en lo que al ejercicio de la autoridad se refiere. Los dirigentes cordobeses eran en su totalidad árabes. Les segúian en importancia en la pirámide social y político-religiosa de la ciudad los bereberes, que no hacía mucho tiempo se habían convertido al Islam y que desde el norte de África habían ayudado a los árabes en la conquista peninsular. Les seguían los muladíes, hispano-godos, seguramente cristiano-arrianos muchos de ellos que no dudaron en tomar la fe del invasor para conservar su posición. A continuación iban los mozárabes, cristiano-católicos que no habían renegado de su fe y que en estas primeras etapas en la vida de al-Andalus, eran una mayoría significativa. En último lugar estaban los esclavos. Hacia esta ciudad, capital del emirato y con éste complicado y tenebroso entramado social, se empieza a producir a lo largo del siglo IX una serie de oleadas de inmigraciones omeyas, árabes, que empiezan a gozar de numerosos privilegios pasando por encima de mozárabes y, sobre todo, de los hispanos islamizados, los muladíes. La mecha que acaba por incendiar el polvorín cordobés son los impuestos extraordinarios, mugarim, que sufren cristianos y muladíes.
En el año 806 ya se producen disturbios bastante graves en el barrio del Arrabal. Una disposición de la policía de mercados hizo que los mercaderes muladíes se echaran a la calle armados. El emir al-Hakam que se encontraba poniendo sitio a Mérida tubo que regresar a Córdoba y apagar la rebelión. El cabecilla del levantamiento, un cristiano del Arrabal es crucificado con otros implicados, cristianos y muladíes.
El 24 de marzo de 818, doce años después de éste suceso hay un rencor acumulado por parte de los muladíes y los cristianos cordobeses contra al-Hakam I, debido a su reducida influencia en la política del emirato, al establecimiento de impuestos extraordinarios a los no musulmanes, y las restricciones a ejercer su fe con libertad. La chispa que hace saltar la rebelión es la muerte de un comerciante del Arrabal a manos de un soldado de la guardia del emir. Ese día al-Hakam había salido de caza y, al atravesar el barrio para volver a su palacio fue acojido con abucheos por parte de la población. Entonces su escolta capturó a diez de los manifestantes que fueron ejecutados en el acto. Apenas entró el emir en palacio, cuando los habitantes del barrio, que en su mayoría se lanzaron armados hacia el Guadalquivir con la intención de asaltar el alcazar. Mientras la gurdia del emir resistía a los amotinados, la caballería los atacaba por la retaguardia. Al encontrarse entre dos fuegos, los amotinados iniciaron la retirado en desbandada, pero al-Hakam mandó a sus soldados al Arrabal con la orden de no dar cuartel a los rebeldes. Las matanzas y el saqueo por parte de las tropas duraron tres días hasta que el emir cedío a los ruegos de su visir Ben Migith y cesó la represión. Pocos diás después se anunció sus sentencia: 300 notables de entre los supervivientes morirían crucificados y ls demás habitantes del barrio salvarían la vida con la condición de abandonar la ciudad. Además el barrio sería destruido y el terreno que ocupaba roturado y sembrado. Toda la población del Arrabal, menos la minoría bereber, partieron en la primera quincena de abril. Sus destinos fueron varios: Muchos cristianos mozárabes pusieron rumbo hacia los reinos cristianos del norte peninsular en busca de asilo, otros, los muladíes partieron hacia el norte de África, principalmente la ciudad de Fez, donde se asentaron muchos y donde fundarían el, todavía existente barrio de los andaluces. Pero la estancia en el norte de África no sería del agrado de muchos de estos muladíes, los cuales no fueron muy bien recibidos por la población árabe y bereber del país, con los cuales solo les unía una tibia conversión al Islam. Ni costumbres, ni lengua eran comunes con los musulmanes del norte de África, así que un importante número de ellos volvieron a emigrar. Años después se establecerían en la isla de Creta donde crearon una república corsaria que pervivió mas de un siglo.
Fue la primera gran diáspora de hispanos fuera de la península ibérica, perseguidos, expulsados, como lo serían siglos después judíos y moriscos, y que al contrario de estos, nadie parece interesado en recordar. Fue al-Andalus la primera que puso sobre el suelo de Hispania la primera piedra de la muralla de la persecución religiosa, la primera en perseguir, torturar y matar al no creyente en la fe y la religión oficiales. Siglos después, es verdad, les imitarían los cristianos. Cierto. Pero que no nos cuentes historias irreales y fantásticas de un al-Andalus de paz, de tolerancia religiosa y de concordia.
La historia dice lo contrario.

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