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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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viernes, 17 de diciembre de 2010

La Verdadera Historia de al-Andalus: Epílogo.

La rica y trágica historia de nuestro país debe servir para hacernos reflexionar. La historia es cíclica, tiende a repetirse. A seguir por las mismas sendas que se tomaron antaño, a cometerse los mismos errores, las mismas barrabasadas.
¿Por qué llegó a existir al-Andalus? Es complicado contestar a esto.
En el siglo VIII, había dos pretendientes al trono del reino visigodo en España: Rodrigo y Witiza. Unos de ellos, Witiza, dicen las crónicas que llamó en su auxilio a los bereberes y árabes del norte de África. El tráfico de personas, ejércitos y mercancías a través del Estrecho de Gibraltar, ha sido siempre moneda de uso común, en la antiguedad y ahora. Tras la invasión romana de la península, se sabe que las huestes lusitanas de Viriato, tras el asesinato de éste por los romanos, pasaron al norte de África, al Magreb, en gran número. Se sabe que tras la debacle del Imperio Romano Occidental, los invasores suevos y vándalos, tras ser expulsados de la península por los godos, se establecieron también en el Magreb. Incluso existe la teoría que los grupos bereberes que entraron con los musulmanes en la península tras el 711, tienen su origen en estos pueblos germánicos. Así pues, Witiza llama en su auxilio a, probablemente, sus hermanos de origen germánico, los bereberes. Pueblo que solamente se ha islamizado un siglo atrás, tras la conquista árabe del norte de África. Pueblo, que como parte de los godos, seguramente antes de convertirse al islam, tendrían como religión el arrianismo; el cristianismo que negaba la Santísima Trinidad católica, que creía en Jesús como en un profeta, no como el hijo de Dios, y que negaba la divinidad de la Virgen María y el culto a los santos y a las imágenes. El arrianismo coincidía con el islam en muchas cosas; culto a un solo Dios, un profeta o enviado de ese Dios, no toleraban los iconos. No es difícil a los arrianos aceptar un profeta más, Mahoma y las variantes de la doctrina musulmana.
Pero; ¿y en la península,sucedió lo mismo? Parece que si. Los godos, desde la conversión de Recaredo, oficialmente adoptan el catolicismo. Oficialmente, muchos de los nobles y el rey, eran católicos, pero una gran mayoría del pueblo y de algunos nobles siguen profesando la doctrina de Domingo de Arrio; el arrianismo. Tras la llegada de los árabes, a muchos, como un siglo antes les pasara a los bereberes en el norte de África, no les es difícil cambiar el arrianismo por el islam.
De todos modos, imaginamos que a ojos del invasor árabe, el reino godo se debía presentar como una presa apetecible y tremendamente fácil de cazar. Un reino dividido, con continuas intrigas palaciegas, en continuas luchas civiles por el poder.
Nan sido muchos los historiadores que se han precipitado a encumbrar la civilización islámica que se asienta en España tras el 711. Muchos comparan a los árabes con los romanos o los griegos, se empachan y no se cansan de decir, aquello de "el oasis de al-Andalus en medio del desierto medieval cristiano europeo". Nada más lejos de la realidad. Esa maravilla que fue Córdoba, bebió en las fuentes filosóficas greco-latinas, occidentales, o al menos, muchos de sus sabios y de sus filósofos lo intentaron. Averroes, que intentó unificar religión y razón a través de los clásicos griegos, fue perseguido y calificado por los talibanes de la época, de blasfemo. Maimónides, que intentó hacer otro tanto, además de ser perseguido, como su paisano, fue obligado a abjurar de su fe judía y convertirse al islamismo. Murió en el exilio. Y que decir del murciano, maestro sufí, ibn Arabí, que fue calificado de hereje por los clérigos puritanos cordobeses de la época. La arquitectura, sin duda grandiosa, es una copia de la arquitectura bizantina. Las ciencias, las matemáticas, la medicina y todas las áreas donde los sabios musulmanes cordobeses destacan, los son por retomar estos a los sabios latinos y, sobre todo, griegos. El odiado Occidente, los paganos, los libertinos, los herejes, los apestados, son la base de la sabiduría musulmana, en al-Andalus y en todo el mundo islámico de la época.
Es un error comparar la grandeza de al-Andalus con la grandeza de Roma, de Grecia o de Bizancio. Los árabes se instalaron en la península gracias a nuestra debilidad, no gracias a su grandeza. Se dio la circunstancia, no novedosa, de que el conquistado, era más culto que el conquistador, y sin embargo, a su vez, más débil, por eso fue conquistado, por eso nació al-Andalus. Se da la circunstancia, de que cuando se encuentran con un enemigo un poco más fuerte, los francos de Carlos Martel en Poitiers, los musulmanes se ven imposibilitados a seguir avanzando.
Esa fue la realidad, la cruda realidad histórica. Hace 1.300 años, en el 711, nos invadieron gracias a nuestra debilidad, nuestras divisiones, nuestra indolencia, nuestra incapacidad. Han pasado 13 siglos desde aquello. ¿Hemos aprendido la lección?; a tenor de lo que podemos ver día a día, me parece que no. El Islam radical, ve como Occidente se traiciona a si mismo, se contradice, contradice las leyes de su propia naturaleza, y reniega de su pasado, de su historia, de su razón de ser. ¿Es posible en un futuro, más o menos cercano un nuevo al-Andalus? Si. ¿Estamos haciendo algo para remediarlo? Claramente no. Así de claro, así de sencillo.
Dentro de 13 siglos, alguien, quizá, se sentará y escribirá como lo estoy haciendo yo ahora sobre esto. Quien sabe si ese alguien, como yo, como ustedes, será heredero de una cultura, de un país que nació como consecuencia de una lucha contra un enemigo que estaba esperando, paciente, a que ese país y esa cultura sucumbieran, fruto de su estupidez y sus contradicciones. Igual, dentro de 13 siglos (Donde estaremos ustedes y yo) ese individuo, está escribiendo algo referente a la lucha de sus ancestros, nosotros quizá o, nuestros hijos, por la supervivencia de una cultura, frente a la barbarie, e igual, ese individuo pertenece a un país, heredero de éste en el que vivimos ustedes y yo, que por fin ha aprendido la lección.
Quien sabe.

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