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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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miércoles, 23 de febrero de 2011

Han pasado tres décadas.


Han pasado tres décadas, y aquí, todavía seguimos en lo mismo.
23 de febrero de 1981, intento de golpe de estado, secuestro de los palamentarios, los antiguos procuradores a las cortes franquistas, reconvertidos a la fuerza de la reforma. Un teniente-coronel de la Guardia Civil, Antonio Tejero Molina, pistola en mano, al mando de un destacamento del benemérito cuerpo, hace acto de presencia en el congreso de los diputados. "Quieto todo el mundo", grita. Seguidamente se suceden los hechos, sobradamente conocidos por todos. Valentía de Gutiérrez Mellado, resignación de Suárez, "tranquilo, Jordi, tranquilo", discurso real, calma tensa, espera y liberación. Toreo de salón, pantomima, tomadura de pelo, cortina de humo. Años después sigue sin saberse el cómo, el por qué y el quien. El golpe triunfó. No; no se me asusten. Digamos, que lo pretendido por la intentona, salió adelante. Nuestros hijos, quizás nuestros nietos, sepan algún día la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad; eso, si lo que los desgobiernen entonces llegan a la conclusión, como los que nos desgobiernan a nosotros ahora, que no son lo suficientemente mayores de edad para saberla.
Han pasado tres décadas, cuanto tiempo; ¿Verdad?. Pero seguimos igual. Nueva Rumasa, otra vez. Mareo de perdiz, trampas al solitario, gobierno socialista en el poder, pocos escrúpulos, estafa. ¡Ah, los años ochenta!, vuelven con fuerza. El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, si ese hombre ha nacido en España, el batacazo es seguro. En aquellos años, a los responsables de la antigua Rumasa les encantaba jugar al Monopoly, pero con dinero real, no ficticio. El gobierno de entonces, el del señor González Márquez intervino. Eso si; lo hizo cómo un elefante en una cacharrería, expropió, expropió y expropió y repartió, repartió y repartió. Años después, algunos jueces dijeron que aquellas expropiaciones fueron excesivas y que algunas empresas debían ser devueltas a su dueño; Rumasa. Mal asunto; el daño ya estaba hecho. Pero cómo en este país no hay matices, sino que todo es, o blanco, o negro, pasó que con el tiempo, el personal se creyó que Ruiz Mateos e hijos, eran unos hachas. Nada más lejos de la realidad. Las expropiaciones fueron excesivas, pero las actuaciones de don José María, al parecer, no fueron nada ortodoxas, empresarialmente hablando. Tres décadas después lo estamos comprobando. ¿O no?.
Han pasado tres décadas y no hemos aprendido nada. Los mismos de siempre siguen viviendo a cuerpo de rey, los lobos siguen siendo lobos y los corderos, siguen siendo corderos.
En la película "Un franco, catorce pesetas", se cuentan las peripecias, en los años sesenta de dos emigrantes españoles y sus familias en Suiza. Logran dejar atrás la marginación, la pobreza y el nepotismo de la España de la época. Encuentran trabajo en Suiza, un buen trabajo, bien remunerado, una buena vivienda, una buena calidad de vida. En España, eso estaba destinado a los ricos. Logran ascender, prosperar, uno más que otro, eso si, fruto de la preparación, la valía y el trabajo. Un buen día, la mujer de uno de ellos empieza a echar de menos la patria, Madríd. Echa de menos el clima, el salir a tomar el aperitivo una mediodía de domingo por la calle de Alcalá. Se vuelven a España, dejan atrás una vida maravillosa para retornar a una realidad triste de un país triste, a una casa de viviendas en uno de los nuevos barrios de la periferia madrileña, donde se empezaban a amontonar los deheredados de todas las pates de ese país triste que era España en aquella época. Su compañero opta por quedarse en Suiza. En una carta, el retornado, el protagonista encarnado por Carlos Iglesias, que dirige además la cinta, manda a su antiguo compañero una carta en la que le dice: "Yo que tu no me daría mucha prisa en volver. Por aquí aunque han mejorado las cosas, siguen mandando los mismos y siguen ganando dinero los mismos".

2 comentarios:

José Antonio del Pozo dijo...

Viriato, es que la versión oficial del 23-f parece ya Rimas y Leyendas, que seguro que dicen también que Leticia aprendía ya a tocar el arpa.
Saludos blogueros

Viriato, pastor lusitano. dijo...

Pues no te extrañe, amigo. Algún día lo sabremos todo. Saludos.