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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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sábado, 19 de febrero de 2011

Rumasa. ¿Nueva?

No vamos a entrar aquí en, si la expropiación de sus empresa realizada en la primera mitad de los años ochenta del pasado siglo por el gobierno socialista de Felipe González a José María Ruiz Mateos, fue o no fue, llevada a cabo con buen tino. Ese no es el debate.
Pasados casi treinta años de aquello, muchos paripés llevados a cabo con traje de chulapo, de Superman; puños en ristre con el "que te pego leche", circos mediáticos, escaño en el parlamento de Estrasburgo y otras "extravagancias" similares, salta ahora, precisamente ahora, a los medios la noticia de que, nueve empresas del grupo Nueva Rumasa, se han acogido al concurso de acreedores, porque no pueden afrontar sus deudas.
La cosa no sería grave si no hubiera de por medio unos cinco mil pequeños ahorradores, inversores, que confiaron en la gestión de la familia Ruiz Mateos y compraron pagarés de empresa con la promesa de que a su reembolso recibirían la nada despreciable cifra de un ocho por ciento de interés adicional. La cosa no sería grave si no hubiera en juego miles y miles de puestos de trabajo en juego.
Nadie da duros a cuatro pesetas, diría el refranero. Cada uno, en una sociedad de libre mercado, debe y puede invertir su dinero donde le de la gana. Esto está claro. También debe y, así tiene que ser, asumir los riesgos de su decisión.
No podemos, ni somos quien, para acusar a la familia Ruiz Mateos de nada malo, si acaso, de una supuesta mala gestión. No podemos acusar a esta familia de nada, hasta que los organismos competentes tomen cartas en el asunto y destapen las "tripas" de la, mala o buena gestión llevada a cabo por parte de los dueños del grupo de empresas.
Ayer, cotra reloj, Intereconomía TV, se saltaba su programación habitual de los viernes y emitía un programa especial de "El Gato al Agua", con el tema, monográfico, de la suspensión de pagos de algunas empresas de Nueva Rumasa. Curioso. Allí estaban todos los primeros espadas de la cadena con el objetivo de tranquilizar al personal, de dar boato a los Ruiz Mateos, y de lanzar el mensaje de que si el gobierno salva a la banca, a las cajas de ahorro, por qué no a los miles de inversores que han confiado su dinero a los Ruiz Mateos. Mal asunto. Mal empezamos. Habíamos quedado en que éramos liberales, en que abominábamos de los mecanismos de regulación del estado, que propagábamos el libre albedrío, el sálvese quien pueda, el "maricón el último". De repente, todo el entremado neo-liberal se nos viene abajo. Dar este tipo de mensajes no sólo llevan a la confusión sino que, además, llevan a la sospecha. Esto de decir "soy liberal, abomino del estado, pero cuando fruto de mi gestión la cago, que venga el estado a sacarme las castañas del fuego", es muy viejo.
Hace falta regulación. Porque en España está regulado que si usted confía su dinero a un banco o una caja, mediante un depósito, el estado responda. Si usted confía su dinero a un empresario mediante un pagaré o un bono a determinado tipo de interés, la cosa cambia. Puede perder su dinero. Se ha intentado, desde diversos foros a lo largo del tiempo cambiar eso, pero los mismos de siempre, los autodenominados neo-liberales, han puesto el grito en el cielo. Las consecuencias las tenemos aquí, o en Afinsa, o en Forum Filatélico. Ninguna de estas inversiones estaban reguladas. Es muy curioso, a la par que sospechoso el enjuague que intentó hacer Intereconomía ayer por la noche.
En todos los juegos, hace falta unas reglas y un árbitro, a poder ser imparcial. Si lo hubiera habido, en este caso, es verdad que Nueva Rumasa, a lo mejor, quien sabe, no hubiera podido ofrecer un ocho por ciento de interés. Si este tipo de inversiones estubiera reguladas, todo sería menos opaco, más transparente. La inversión hubiera sido menos golosa, a ojos de los potenciales inversores vista, pero más segura. Quien sabe.

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