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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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lunes, 25 de abril de 2011

Experimentos.


Empiezo a estar hasta las gónadas de los experimentos sociales. Los políticos a sueldo de los oligarcas nos han tomado por conejillos de indias, por ratones de laboratorio, por pura y simple carne y huesos.
Las leyes anti-tabaco que, ya es casualidad, han puesto en marcha todos los gobiernos del mundo, son un ejemplo. La cosa está clara. Detrás de la persecución el entabacado ciudadano, está una sanidad pública vendida a la oligarquía, que se hará cargo de ella. Pagaremos el seguro médico, como pagamos el del coche, el de la casa o el de decesos. La rentabilidad de un seguro privado es precisamente esa: Usted paga para no recibir ningún servicio a cambio. Paga por si acaso. Nos quieren sanos cómo una manzana, para pagar, pagar y pagar, y ni recibir nada a cambio. La seguridad social tal y cómo la conocemos la harán quebrar en breve. Preparense.
Luego está además el componente de control del grado de contestación de la población. El experimento tabaquil ha satisfecho a los malos de sobremanera. "Nada por aquí, nada por alláç2. El personal se ha saltado la norma en contadísimas ocasiones. Por regla general, inclusive, si alguien fuma a nuestro lado, aunque sea en la calle, lo vemos con malos ojos, cómo un apestado. Quien lo iba a decir hace sólo unos años; ¿Se acuerdan?, cuando nos comíamos esos pucheros de callos con chorizo en tascas llenas de humo y de mugre. Qué tiempos.
Hay distintos experimentos sociales puestos en marcha. Los malos no descansan en su empeño de cambiar la sociedad mundial y dejarla lista para que atienda a sus intereses.
El mal llamado laicismo es un ejemplo. Yo mejor lo llamaría anti-religiosidad, anti-cristianismo, anti-catolicismo, pero laicismo, me da en la nariz que no va a ser.
En esta pasada Semana Santa casi asistimos a uno de esos experimentos: Las procesiones laicas (Mal llamadas, ya digo) que se intentaron organizar en el centro de Madrid en paralelo con las procesiones religiosas. No vamos a entrar en el debate de lo idóneo o no, de que un pueblo confunda la fe en Dios con la fe en la imagen del Cristo de las Tres Caídas. Eso hoy no toca. Si entraremos en lo que tiene de provocador el intento de hazaña (Al final se prohibió) por parte de la mesnada progre. Hace tiempo que se viene tocando las narices al personal con el tema. La prohibición de los crucifijos en lugares públicos, los ataques a capillas católicas en algunas universidades, los anuncios en la publicidad del transporte público de algunas ciudades poniendo en cuestión la existencia o no de Dios...Todo ello conduce a un fin: La sociedad sin religión, sin credo, sin moral, sin ideología, sin cultura, sin escrúpulos, sin sentido común...Es verdad que hay algo de contestación, en general poca. El catolicismo es una religión que atraviesa una profunda crisis. Ellos lo saben. Es cierto que en la Universidad Complutense, después de los ataques recibidos, la capilla católica tiene ahora el lleno en cada Eucaristía que se celebra allí. ¿Por cuanto tiempo? Lo dicho, saben de la crisis de fe que atraviesa el catolicismo (Sobre ello hablaremos en otro momento) y por eso atacan. De todos modos; ésto es otro experimento social al que no hay contestación.
Podríamos poner muchos más ejemplos. (La rebaja del límite de velocidad a 110 Km/h, el corralito financiero de principios de década en Argentina, diversos atentados aún no aclarados del todo) No quiero ponerme conspiranoico. Todo esto pasa con la visto bueno del personal, aborregado, pasota, consumista compulsivo e idiotizado que se ha dejado comer el terreno sin decir esta boca es mía, incluso, llevando al poder, en bolandas, a los que luego les están robando la merienda.
No es cuestión de conspiracionismo ni de todo lo contrario. Es cuestión de sentido común. Sencillo, ¿no?.

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