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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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jueves, 21 de abril de 2011

Mauricio o las elecciones primarias.


...
A pesar de la perspectiva de los juegos olímpicos, la ciudad había caído en una especie de tristeza incómoda. Las conversaciones languidecían, las reuniones eran aburridas. A nadie le resultaban interesantes las ideas de los demás, ni siquiera las propias. El dinero circulaba con profusión, pero sin entrar en contacto con la vida real. Había un estado general de queja. El desenfreno de la época anterior había dejado paso a una red de relaciones mecánicas, un poco sucias. El presente contaminaba el pasado: al volver la vista at´ras todo el mundo reinterpretaba sus actos bajo una luz fría y crítica y el idealismo de los años anteriores se les atojaba ahora como algo estúpido, cuando no hipócrita. En este ambiente desazonado medraban los sinvergüenzas y los que actuaban al amparo de las sombras. Los que habían puesto sus esperanzas en el futuro se desdecían y los que habían callado se vanagloriaban ahora de haber augurado lo peor en su fuero interno.
Los que habían empezado actuando por altruísmo se dejaban corromper, unos por codicia o imporalidad, otros por desaliento. La opinión pú lica se resignaba. Temas nuevos ocupaban la atención de la gente, temas triviales, que los medios de comunicación se encargaban de propagar y alimentar. Nunca la falta de decoro había llegado a tales límites con el aplauso generalizado.
Los intelectuales cerraban la boca por temor a las represalias o por ambición, vendían su silencio e incluso su complicidad a cambio de dinero o de una fama pasajera y provinciana. La adulación y el cohecho volvían a abrir todas las puertas.
Los políticos habían aprendido las posibilidades del poder y se injerían en todos los campos sin desimulo. Muchos sobrepasaban los límites de los permisible y se veían obligados a dejar sus cargos, pero el escándalo duraba poco y no tenía consecuencias prácticas.
Las finanzas lo dominaban todo.
Mientras esto ocurría, la salud de la Porritos se agravaba. Seguía en casa, al cuidado de la señora Marcela, pero en condiciones insostenibles.
...


(Mauricio o las elecciones primarias. Eduardo Mendoza. Seix Barral. 2006)

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