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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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martes, 24 de mayo de 2011

Esperando a Churchill.



Pasó ya la jornada electoral. El pueblo eligió más chicha, más limoná; lo de siempre. En la calle Génova de Madrid, miles de "júligams" se reunieron al son del "que vote Mariano, que vote Esperanza, que vote Gallardón" y del "yo soy del PP, del PP, del PP" cómo si hubieran ganado la copa de Europa o la liga, el SOE se pegó la leche que todo el mundo (Menos ellos) prevía, UPyD subió, Izquierda Unida se recuperó algo, más bien poco visto lo visto, la acampada de Sol se descafeinó. La vida sigue igual.
Vimos a Mr. Chamberlain, redivivo, en el balcón de Génova, lamiéndose las heridas en Ferraz, estando a gusto con él mismo, encantado de haberse conocido, en Sevilla, en Valencia, en Barcelona, en Bilbao, en Asturias, en Castilla la Mancha, en Extremadura. No vimos a Mr. Churchill por ningún lado. No vimos a ese político, valiente capaz de decir, por ejemplo, desde el balcón de Génova a los allí concurridos<. "Márchense a sus casas. Aquí no hay nada que celebrar. Apartir de mañana tendremos que sufrir sangre, sudor y lágrimas para salir de esta". Todo lo más, ante los cánticos de los "júligams" allí reunidos, Rajoy, con esa gracia que Dios le ha dado, dijo: "Aquí todos somos del PP". Es verdad que dicen, que al día siguiente, en la reunión de la ejecutiva nacional, pidió a todos los nuevos cargos elegidos y a los antiguos reelegidos, transparencia y humildad. Qué no malgasten, que sean frugales y austeros, en el ejercicio corriente y diario del poder. Eso dicen que dijo Rajoy a sus huestes, en la ejecutiva nacional, sin luz y sin taquígrafos. No dijo nada de eso a la ciudadanía, que cree a pies juntillas en Mariano Rayjoy, que cree que vendrán otra vez aquellos tiempos aznarianos de crédito fácil, de ladrillo, de inmigración descontrolada, de trabajo precario y masivo, de cuantas incólumes, de superávit, de burbuja inmobiliaria, de compromisos internacionales ineludibles, de puro y confidencias en Camp David o en la Casa Blanca, de foto en las Azores, de inauguraciones faraónicas y de Pujol enano habla castellano. La ciudadanía cree que volverán aquellos tiempos y Rajoy no les dirá nada, porque sabe que con ello se juega la mayoría absoluta. Luego ya se verá lo que se hace. Lo hará mejor que el actual desgobernador monclovita, seguro. Por mal que lo haga, Rajoy es uno de aquellos señores, de derechas, de toda la vida, de sobresalientes notas, de servicio incansable al estado, aplicado, trabajador, sin brillar excesivamente, eso si. Pero además de todas esas cualidades, apreciables sin duda en tiempos de crisis, hay que tener sobre todas una: Valentía. Esa Rajoy no la tiene. Por supuesto Rodríguez Zapatero, ni que decir que tampoco. Esa cualidad es rara en la política española. Si les sirve de algo, tampoco es una cualidad muy común fuera de España. La tuvo un tal Churchill, que fue primer ministro británico, al cual le adornaban todas las cualidades que adornan a Rajoy, pero fue famoso porque le adornaba una, de la que, cómo decimos, Rajoy adolece. La valentía de decir al personal las verdades del barquero. La valentía de decir a la gente: "Lo váis a pasar mal, vaís a ser más pobres, pero al final saldremos". En vez de eso, Mariano, y quien no es Mariano, prefiere que la gente muera tonta.
Aquí estamos, después de las elecciones municipales y autonómicas, desesperanzados, esperando a Churchill.

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