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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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lunes, 9 de mayo de 2011

"Pero si no obedeces al Señor, tu Dios, y no pones en práctica todos sus mandamientos y todas sus leyes que yo te prescribo hoy, vendrán sobre ti y te alcanzarán las maldiciones siguientes:
Maldito serás en la ciudad y maldito en el campo. Maldita será tu canasta y tu artesa. Maldito será el fruto de tus entrañas y el producto de tu tierra; malditos los partos de tus vacas y las crías de tus oveja. Maldito serás tú en tus idas y venidas. El Señor mandará contra ti maldición, angustia y pánico en todas tus empresas, y en poco tiempo serás totalmente destruido por haberlo abandonado con tus malas acciones. El Señor hará que la peste se pegue a ti hasta que te consuma en la tierra que vas a ocupar, te herirá de agotamiento, fiebre e inflamación, calor sofocante, sequía, herrumbre y tizón, que te perseguirá hasta destruirte. El cielo que está sobre ti será de bronce, y la tierra que pisan tus pies será de hierro. El Señor enviará lluvia sobre tu tierra, pero lluvia de arena y de polvo, que caerán del cielo sobre ti hasta que seas aniquilado. El Señor hará que seas derrotado por tus enemigos; saldrás a su encuentro por un camino y por siete caminos huirás y serás el espanto de todos los reinos de la tierra. Tu cadáver será pasto de las aves del cielo y de todas las bestias de la tierra, sin que nadie las espante. El Señor te herirá con las plagas de Egipto, con tumores, sarna y tiña, de lo que no podrás curar. El Señor te herirá de locura, ceguera y delirio, de suerte que en pleno día andarás a tientas, como anda el ciego en las tinieblas, y no tendrás éxito en ninguna de tus empresas sino que te verás siempre oprimido y despojado, sin que nadie te socorra. Te casarás con una mujer, y otro la poseerá; construirás una casa, y no la habitarás, plantarás una viña, y no la vendimiarás. Tu buey será degollado ante tus propios ojos, y no lo podrás comer, te quitarán tu asno, y no te lo devolverán; tus enemigos se llevarán tus ovejas, y nadie te socorrerá. Tus hijos y tus hijas serán entregados a pueblos extranjeros; tus ojos se consumirán mirando cada día hacia el lugar de su destierro, pero tus manos nada podrán hacer. Un pueblo desconocido para ti comerá las cosechas de tu tierra y el fruto de todas tu fatigas, mientras tú serás siempre oprimido y aplastado. A la vista de tales cosas, te volver´s loco. El Señor te herirá de úlcera maligna en tus rodillas y en tus muslos, desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza, y no podrás curar.
El Señor te hará ir a ti y al rey que hayas constituido sobre ti a una nación desconocida para ti y para tus padres, y allí servirás a dioses extranjeros, hechos de leño y de piedra, hasta llegar a ser el estupor, el ludibrio y la irrisión de todos los pueblos donde el Señor te lleve. Sembrarás mucho, pero cosecharás poco, porque la langosta lo devorará. Plantarás viñas y las cultivarás , pero no beberás su vino ni la vendimiarás pues el gusano las roerá. Tendrás olivos en todo tu territorio; pero no te ungirás con su aceite, porque las aceitunas se caerán. Tendrás hijos e hijas; pero no te pertenecerán, pues serán llevados al cautiverio. Todos tus árboles y los frutos de tu tierra serán devorados por la langosta. El extranjero que vive en tu tierra subirá cada vez más, y tú bajarás cada día más; te prestar´a ti, y tú no le prestarás a él; el será la cabeza, y tu la cola. Todas estas maldiciones vendrán sobre ti, te perseguirán y te alcanzarán hasta destruirte por no haber obedecido al Señor, tu Dios, observando los mandamientos y leyes que Él te ha prescrito. Estas cosas serán señal y prodigio contra ti y tu descendencia para siempre".
(Deuteronomio 28-15,46)

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