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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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jueves, 2 de junio de 2011

Ecos de Yugoslavia.



Lo encontraron al norte de Serbia, decrépito, enfermo, asustado. En las fotos que las autoridades serbias han pasado a la prensa, no se aprecia a aquel tipo, chulesco, de mirada fría, con pocos escrúpulos. El super-super-malo más buscado del mundo, después de Bin Laden. El general Mladic, fue el responsable ejecutivo de la masacre de Srebrenica, del martilleo de Sarajevo y de no se sabe cuantos más crímenes contra la humanidad, contra la razón, contra la libertad, contra su propio pueblo. Ya tienen cogidos al responsable ejecutivo; Mladic, y al intelectual; Radovan Karadzic. Los dos malos oficiales más buscados estan a buen recaudo. La humanidad puede dormir tranquila.
Yugoslavia era una república federal socialista, moderadamente próspera. Crítico con Moscú, de los que quiso siempre estar diferenciado y a distancia, el mariscal Tito, construyó un país en el que convivieron comunidades étnico-religiosas irreconciliables. La muerte de Tito, la caída del muro de Berlín y el derrumbe del comunismo fueron los banderines de enganche, los tiros de gracia para la convivencia de los pueblos que conformaban la antigua Yugoslavia. Aquí y allá empezaron a surgir "reyezuelos" ultranacionalistas que arengaban a unos contra otros, abriendo heridas mal cerradas, encendiendo cerillas en un polvorín. Ya conocen de sobra lo que pasó. Muerte, muerte y más muerte. Y odio, mucho odio.
Han encontrado al general Mladic, al genocida, al criminal, al perverso Mladic. Lo juzgarán, lo encerrarán, tirarán la llave de su celda al mar. Pero en el aire seguirá flotando una serie de preguntas, que probablemente nadie quiera contestar: ¿Que hacían los cascos azules holandeses mientras Mladic limpiaba etnicamente amplias zonas de Bosnia? Durante el asedio Sarajevo, durante la matanza de Srebrenica, mientras las tropas de Mladic asesinaban compulsivamente a hombres, mujeres y niños, los cascos azules, bajo mando holandés, miraron para otro lado, no intervinieron. Según se dijo luego, no era su misión intervenir. ¿Qué hacían allí entonces?
La segunda pregunta que queda flotando en el aire es muy sencilla: ¿Por qué la Unión Europea, entonces CEE, con Alemania a la cabeza, reconoció la independencia de Croacia y Eslovenia, unilateralmente, sin consultar con nadie, iniciando así una espiral de odio y violencia, e inmiscuyéndose descaradamente en los asuntos internos de un país soberano?
En el tribunal se sentará Mladic, se sentará Karadzic. Serán todos los que están, pero no estarán todos los que son. Algunos con la corona de gran estadista colocada en su cabeza.

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