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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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jueves, 23 de junio de 2011

II El mar antiguo.

He tenido fama de indolente y optimista, de indiferente y apático. Basta poseer una reputación cualquiera buena o mala, para que las personas conocidas por uno vayan poniendo su piedra en el monumento de valor o de cobardía, de ingenio o de brutalidad, asignado a cada uno.
Esta colaboración espontánea adorna los grandes hechos y los grandes caracteres. El uno insinúa: "Podría ser"; el otro añade: "Se dice"; un tercero agrega: "Ocurrio así", y el último asegura: "Lo he visto...". De este modo se va formando la historia, que es el folletín de las personas serias.
Según la gente de mi pueblo, la indolencia mía ha sido de esas extraordinarias: borrascas, tempestades, rayos, truenos, nada ha logrado sacarme de mi pasividad habitual.
Se han inventado anécdotas acerca de mi frialdad y de mi indiferencia. Una vez, un juramentado de Filipinas vino a mi, con el yatagán levandado, a cortarme la cabeza; yo le miré y bostece de fastidio.
Es indudable que el fondo mío de pereza, de indolencia, ha dado pábulo a estas historias, no le niego; lo inaudito para mis panegiristas o para mis detractores sería si oyeran que con frecuencia me lamento de mi manera de ser. ¿De no tener mayor actividad? ¿De no tener más espíritu de empresa?.
No, todo lo contrario. Ciertamente es una demostración de mi naturaleza cínica e inmoral; pero la verdad ante todo.
La mayoría de los hombres se sienten muy orgullosos de su constancia, de la permanencia de sus propósitos. Son consecuentes como el acero de una brújula rota o enmohecida, y esto les parece una gran virtud.
Saben a donde van, de donde vienen. Cada paso en el camino de la vida lo llevan contado y calculado.
Si les escuchamos nos dirán: "No nos detengamos a con tamplar el mar o las estrellas; no hay que distraerse. El camino espera. Corremos el peligro de no llegar al fin."
¡El fin! ¡Qué ilusión! No hay fin en la vida. El fin es un punto en el espacio y en el tiempo, no más trascendental que el punto precedente o el siguiente.
...

(Las inquietudes de Shanti Andía. Pío Baroja)

1 comentario:

José Antonio del Pozo dijo...

El fin, esa ilusión. No hay fin, Baroja dixit. No sabía nada el escéptico.
Saludos blogueros