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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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lunes, 8 de agosto de 2011

Cuando una manera endogámica, local, de hacer las cosas mal, unida a una crisis global, nos lleva al desastre.



Hablamos el otro día, del porque de la crisis global que estamos padeciendo. Hablamos de que la crisis no es espontánea y, que está producida por una manera de proceder, en nuestra opinión, errónea y predispuesta.
Hoy hablamos de la crisis local, nuestra, española, la de casa, la de los 5 millones de parados y de quietos, la de la burbuja inmobiliaria, la de las cajas de ahorros quebradas, la de la oligarquía, la de los intereses de unos pocos sobre los intereses de todos.
Tampoco quiero aburrirles. Hemos hablado, escrito, leído, escuchado y visto mucho sobre el tema en los últimos treinta años.
Esto es cuestión de hacer las cosas bien, o de hacerlas mal. Según se mire. Pero hay que tener cuidado; A veces se hacen las cosas mal a sabiendas, sin más, propiciando la oportunidad de dar el zarpazo, aquello de hundir el Maine en la bahía de la habana, ya saben, creó escuela, para echar la culpa a otros y tener excusas para una guerra, porque a río revuelto, ganancia de pescadores. Ya se sabe; los malos están siempre al acecho, aprovechando cualquier descuido, y si no hay descuido, ya crearán ellos la atmósfera para que los haya.
Pero todo esto no es tan fácil. Esta crisis nacional, propia, nada extraña, que estamos padeciendo, es como la crisis global; es inducida, por los mismos, o por su versión patria, al fin y al cabo, con el mismo objetivo; destruir el estado, destruir la nación, quedarse con sus restos, depredarnos a todos y chuparnos la sangre a nosotros y a nuestros hijos durante los próximos años.
La cosa empezó cuando murió el dictador, Franco. Se cogió el estado franquista, se maquilló, se reformó y salió lo que tenemos hoy: Un híbrido. Se partió el país en 17 miniestados. Ya saben; 17 parlamentos, 17 presidentes, 17 defensores del pueblo, 17 ministros de economía...Todo multiplicado por 17. La cosa no fue del todo mal hasta finales de la década y del siglo pasados y principios de este, cuando el estado central empieza a transferir parte de la administración a las CC.AA. Entonces el Ebro empezó a ser un rio catalán que nacía en tierras extrañas, el bable empezó a ser considerado lengua y no dialecto, con academia y todo, el flamenco empezó a ser patrimonio cultural andaluz y no español, la gallina de caserío vasca se empezó a merecer un estudio etnográfico para investigar si su ADN era distinto al de las demás gallinas del país, en Ciudad Real; una de las ciudades más pobladas de España, como todo el mundo sabe, se construyó un aeropuerto apto para recibir a un millón de usuarios al año, al día de hoy está cerrado; se llevó el AVE a Guadalajara, a Segovia, a Valladolid, con unas obras en infraestructuras que tardarán años en ser rentables; Revilla era recibido en la Moncloa, como si de un jefe de estado extranjero se tratase, con taxi y anchoas incluidos; Ibarra se mostró irónicamente encantado de recibir las transferencias estatales en puertos y aeropuertos, cuando Extremadura no tenía ninguna de las dos cosas; se montaron 17 televisiones públicas deficitarias y manipuladoras; se quebraron las cajas de ahorro, que dependían exclusivamente de la gestión de los políticos de cada comunidad; se montaron embajadas y oficinas de todas las regiones, y de algunas ciudades, en medio mundo; se endeudaron todos hasta las trancas sin control ninguno...y se despilfarró, se despilfarró y se siguió despilfarrando.
No hay más que hablar. Ahí está la madre del cordero. No se podían haber hecho las cosas bien; por ejemplo, reformando el estado, quitando las diputaciones provinciales, que se dejaron, y sustituyendolas por las comunidades autónomas, no, o dejando las antiguas diputaciones sin crear las dichosas autonomías. No se podía haber sido algo coherente por una vez en la historia, que va. "Es que si hacemos las cosas bien, no parecemos españoles, sabe usted". Se tuvo que construir un macro estado, con un gobierno multiplicado por 17. ¡La de enchufes que se pueden hacer ahí!, ¡la de enjuagues!, ¡la de corruptelas!.
La burbuja inmobiliaria que es la que se va a cargar la economía española es causada por las Comunidades Autónomas, porque alguien, del PP, o del PSOE, igual me da que me da lo mismo, se le ocurrió la feliz idea de transferir las competencias sobre el suelo a las satrapías autonómicas.
¡Pero por Dios Bendito!, si se han estado concediendo a si mismos, créditos a intereses bajísimos, en algunos casos inexistentes, de las entidades de ahorro, las cajas, que ellos presidían, que ellos manejaban, y nadie, repito; NADIE, ha ido a la cárcel por ello.
¿Quién ha permitido todo esto?
¿Quién?
¿Han sido los unos?
¿Han sido los otros?
¿Han sido los dos?
¿Quién?
No les quepa duda que de esta situación ha salido beneficiado alguien, aparte de los políticos, naturalmente.
Ahí tienen la crisis económica galopante que está sufriendo España. No busquen más, aquí está el problema: El exceso de políticos.
Ya lo he escrito aquí otros veces. Soy partidario del estado, como forma de convivencia, como regulador de la vida política y económica. Soy partidario de la nación, de la nación como conjunto de hombres y mujeres libres, de la nación como emanadora de la soberanía. ¡Pero esto que tenemos en España no! ¡Esto no es un estado! ¡Esto no es una nación! ¡Esto es una casa de lenocinio!, ¡El patio de monipodio! ¡La casa de tócame Roque! ¡El coño de la Bernarda!
¿Va alguien a hacer reformas a este respecto?
¿Mariano?
¿Alfredo Pepunto?
¿Han oído ustedes algo?
Yo tampoco.

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