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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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martes, 3 de enero de 2012

Alternativa o alternancia.

Parecen la misma cosa. Son dos palabras que se parecen muchísimo. No son lo mismo, ni significan lo mismo.

Si Rajoy hubiera sido una alternativa real a Zapatero; si el PP hubiera sido una alternativa real al SOE, se hubieran anunciado ya reformas de hondo calado, como la reforma, necesaria, de la constitución y de la ley electoral. Se Rajoy fuera alternativa, se hubieran anunciado reformas económicas que ahondarían en el cambio de mentalidad, a largo plazo del país. Se habría planteado seriamente la conveniencia del seguidismo de la política franco-alemana en el seno de la UE. En lugar de ello, Rajoy se hinca de rodillas ante sus verdugos, se da con vaselina en sálvese la parte y a esperar. Se reitera en el gran mal del ladrillo. Beneficia una vez más a la oligarquía bancaria e inmobiliaria, profundiza más en los males que han llevado a España al callejón sin salida en el que se encuentra. No se plantea ni por asomo un debate sobre salirnos o no de la moneda única. No se plantea ningún debate.

Es la alternancia perfecta a la política económica zapateril, de ladrillo, crédito, baja productividad, salarios bajos, pobreza, desempleo, empleo precario, beneficios millonarios intocables, cacicadas, clientelismo, nepotismo, parasitarismo institucional establecido y continuidad. Cánovas o Sagasta, tanto monta; monta tanto. Todo lo más, Mariano se ha atrevido a revisar el calendario y cargarse los puentes, pero nada más.

Si Mariano fuera alternativa y no alternancia, habría planteado ya un cambio en los parámetros económicos de España. Hubiera anunciado medidas a largo plazo. Hubiera realizado cambios en la política económica, cambiando el modelo ladrillo-crédito, para crecer. Hubiera reformado la ley electoral, hubiera planteado la desaparición del Senado, hubiera recuperado competencias como educación y sanidad, hubiera reformado la ley del suelo y quitado la potestad sobre ese suelo de comunidades autónomas y ayuntamientos, hubiera limitado la capacidad legisladora de las Autonomías redireccionando sus funciones a la mera administración de los recursos, que era para la función que se pensaron las autonomías, hubiera sacado del presupuesto a sindicatos, partidos políticos y organizaciones empresariales, dando vía libre a la libertad de asociación, política, sindical y empresarial; hubiera sacado del presupuesto a ciertos oligopolios, hubiera llevado a cabo una verdadera liberlización econoómica de sectores como la energía, las telecomunicaciones, el comercio; hubiera reformado las leyes para que cargos electos en unos comicios municipales no pudieran dimitir para acceder a otros cargos de mayor enjundia, como ha pasado ahora con Gallardón y la señora Botella en Madrid. Todo esto y mucho más hubiera hecho Mariano Rajoy si en vez de ser alternancia a o de Zapatero, fuera alternativa.

Vivimos dentro de un sistema que no aguanta mucho más. Los cimientos del Estado están podridos. La basura acumulada en 35 años de partitocracia rebasa ya el límite y apunta ya a las más altas instituciones del Estado. El juego que han mantenido algunos durante todo este tiempo está llegando a su fin. Este sistema de depredación no aguanta más. Y lo peor es que no hay una alternativa política fiable, ahora mismo, dentro de las instituciones. Ahí está el peligro. La masa, cada vez más empobrecida se ve cada vez más desamparada y no representada por nadie dentro del sistema. Eso es muy peligroso.

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