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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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martes, 31 de enero de 2012

Control, control.




En estos días de espera estamos escuchando aquello de control del déficit, techo de gasto, y otras expresiones antiexpansionistas. Como de macroeconomía no entendemos un pimiento, presumimos que quien nos las dice y que quien nos las receta si tiene algo de idea.

Todo eso del control del déficit y del techo de gasto, debe de estar muy bien, no voy a ser yo quien lo ponga en duda. El gastar con tino es una virtud. Pero ojo; nos han dicho que hasta que no volvamos a crecer a más de un 2% no volveremos a crear empleo masivamente, por lo tanto, nos preguntamos si el control excesivo del déficit será una buena idea.

Por ejemplo, se podría haber dicho control de gastos inútiles, y ahí, a lo mejor, el personal, que ya digo, no tiene, no tenemos, ni pajolera idea de macroeconomía, lo entendería mejor. Si; esa va a ser la clave. En el capítulo de gastos inútiles se podría haber metido el de las televisiones y las cadenas de radio públicas, megadeficitarias, manipuladas, vehículos propágandisticos satrápicos. En el capítulo de gastos inútiles se podrían meter también, porqué no, subvenciones dadas por parte de satrapías autonómicas con lengua vernácula a periódicos editados en esa lengua vernácula, que nadie o casi nadie lee. Son estos solamente un par de ejemplos. Se podría seguir con la venta de edificios públicos y con la abolición de los parlamentos regionales, con el cierre del Senado...En fin, así podríamos seguir todo el día.
Lo que está claro es que no es lo mismo un déficit fruto de haber dotado al Estado de infraestructuras necesarias y que en el largo plazo volverán a revertir en el mismo, que el déficit fruto de construir aeropuertos en los que no aterrizan ni despegan aviones, lineas de AVE que no usa nadie, etc, etc.

Si no distinguimos estos dos déficits, el que proviene de políticas productivas y el que proviene del nepotismo y la corrupción, estamos condenados a estrangular económicamente a España a largo plazo. A lo mejor es lo que se quiere. A lo mejor se prefiere a un buen pagador de deuda inflada y perpetua que un productor que pague la deuda que le haga falta para crecer.

Es una locura, por tanto, instaurar un techo de gasto, fijo, para todo, sin diferenciar, a donde se dirige ese gasto, poniendo en el mismo cesto gasto dirigido a educación y formación y gasto dirigido a subvencionar traductores de una lengua que no habla nadie.

Tenemos que tener en cuenta también que una economía como la alemana, que está totalmente saneada, podrá poner un techo menos a su gasto y a su déficit que una economía como la española, a la que le queda por andar un largo camino. Lo digo porque en los noventa, los requisitos que se nos ponían desde Europa a todos era no sobrepasar el 3% de déficit. Requisito que el gobierno español de José María Aznar cumplió, y los gobiernos francés y alemán se saltaron a la torera cada vez que les convino.

Estamos todos dentro del mismo club, pero no todos somos iguales. Me da en la nariz que lo que buscan es que sigamos así para siempre, y eso, no puede ser, simplemente.

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