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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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martes, 17 de enero de 2012

Culpas.



Hay situaciones que requieren un culpable, un chivo expiatorio al que cargar con todo lo pasado, con todo lo que tiene que pasar. Los españoles somos un pueblo especialista en echar balones fuera, en buscar culpables, en fabricar chivos expiatorios. Lo hemos sido siempre, a lo largo de nuestra movida y dilatada historia.

En esa situación de fin de carrera, de España y del mundo que la rodea, no íbamos a salirnos de la norma, por supuesto. Y el caso es que, culpables, lo que se dice culpables, lo somos un poco todos, y al tiempo, lo somos un mucho todos.

Hay una frase: "La culpa la tiene el gobierno", que oímos generación tras generación, lustro tras lustro. Si los políticos son culpables, como no. Son culpables de no ser buenos políticos, de no ser estadistas, de nepotismo, de mantener al personal amodorrado con tal de seguir en la poltrona. Son culpables del "otro vendrá que lo arreglará" eterno de esta España nuestra, son culpables de sus miras cortoplacistas, que en un futuro próximo darán con los huesos de este país en el infierno. La irresponsabilidad de los políticos, su simpleza, su caradura, el que vendan sus voluntades al mejor postor, va a llevar sin duda a España a un callejón sin salida. Si definitivamente los políticos son culpables.

Y los empresarios; claro que si. También. Hace unos días oíamos al Vicepresidente de la CEOE, don Arturo Fernández, decir que hasta que no redujeran el precio del despido, ellos no contratarían. Como ven, los empresarios tampoco tienen en la cabeza esa visión largoplacista que sería de desear. Al igual que sus "primos" los políticos, viven en un mundo irreal, chupando de la teta del Estado. Prefieren no invertir en la gente, sin preguntarse qué va a ser de este país dentro de veinte, treinta, cuarenta años. Quien va a consumir en este país en esa época, si no está garantizado el relevo generacional, gracias a que el esfuerzo está recayendo en la parte más débil y delicada de la pirámide, gracias a la pérdida de valores y gracias a la cultura del despilfarro y del sobreendeudamiento que han patrocinado los empresarios, los grandes empresarios, los oligarcas, con la inestimable colaboración de los políticos.

También están los periodistas, los comunicadores, los intelectuales. Todos ellos, o casi todos, por aquello de no ser injustos con la generalización, han sido partícipes en la debacle. Casi todos han estado metidos en la manada depredadora, junto con políticos y empresarios. Han callado a cambio de las treinta monedas de rigor, de subvenciones vergonzosas y vergonzantes que les han cerrado la boca, de concesiones de licencias radiofónicas o televisivas, de contratos publicitarios multimillonarios. Así en los años en que esto era Jauja, nadie denunció la burbuja inmobiliaria, la corrupción generalizada que se desprendía de la misma, la ruina que sobrevino a ella. Todos, eso si, una vez que ya estábamos dentro del ojo del huracán, vieron venir el asunto, pero ninguno dijo nada con antelación. Seguramente unos porque no ven más allá de sus narices y otros porque no quieren ver.

Por último están los principales culpables: Nosotros. Todos nosotros. Los que hace 35 años consentimos que reformaran un régimen político a sus anchas sin contar con nosotros para nada, los que consentimos que entregaran a intereses extranjeros nuestra soberanía sin decir ni "mu", los que votamos a Zp, los que votamos a Mariano, los que año consentimos que en nuestra Patria no haya libertad colectiva, ni separación de poderes, ni respuesta de los elegidos a los intereses de los electores, los que votamos "talibanamente", elección tras elección a la gaviota o al puño y la rosa, sin mirar contenidos y continentes. Si; nosotros. Juan Español, Juana Española. Nosotros somos más responsables si cabe que políticos, oligarcas, periodistas, intelectuales.

Esta es la eterna canción de España. Seguramente, Dios lo quiera así, si esto es como mal menor, dentro de veinte, treinta, cuarenta o cincuenta años, alguien cuenta, como nosotros ahora los achaques de ese anciano moribundo llamado España, siempre al borde del abismo, siempre al borde del colapso. Igual es así, o igual dentro de Cincuenta años, este país ha pasado a mejor vida y se han cumplido lo que algunos barruntamos desde hace tiempo. Dios no lo quiera.

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