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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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jueves, 5 de enero de 2012

Hay que combatir la satrapía a través de la pedagogía.

Uno de los aciertos de Rajoy, parece ser que ha sido nombrar a García Margallo Ministro de Exteriores. Ayer, el señor García Margallo hacía una oferta a las satrapías autonómicas (Él no le dio este nombre) que tenían sede "diplomática" en el exterior y ofreció las embajadas españolas como sedes, también, de los intereses autonómicos. Esto, que es obvio, que cae por su propio peso, que es de sentido común, lo tuvo que recalcar ayer el señor Ministro de Exteriores.

La Constitución atribuye únicamente al Estado la representación en el exterior de los intereses diplomáticos y comerciales del Reino de España. Es también de sentido común que así sea, sobre todo cuando hay satrapías autonómicas que están metiendo la tijera en la sanidad y la educación y están dejando sin recortar conceptos erróneos tales como la representación exterior de esas satrapías autonómicas; y así se están yendo de rositas con el tema de las embajadas y, mientras, se cierran quirófanos, centros de salud, se despide a profesores interinos, se recortan sueldos y pagas extraordinarias, se dejan incólumes embajadas en Nueva York, en París o en Bruselas, que no tienen competencia alguna para actuar y que son una fantasmada más de una corte autonómica, cara y descarada, de un brindis al sol con el dinero ajeno, de un lujo asiático, de una "mamandurria" más de ciertos caciques regionales, de los coros y danzas a los que ya estamos acostumbrados.

Vivimos en un Estado inviable, un Estado que no es federal, que no es confederal, pero que tampoco es centralista o es las tres cosas al mismo tiempo. Y todo este berenjenal viene de la época de la "Santa Transición", en la cual a los políticos reinantes les dio miedo utilizar el términos federal o confederal para designar la organización territorial del Estado. Les dio miedo las ansias secesionistas en Cataluña y País Vasco sobre todo, y decidieron dar café para todos, esto es: Montar un estado confederal encima de un estado federal y, ambos estados, encima del estado centralista heredero del franquismo. El resultado lo están viendo ustedes: La deuda pública española, el conjunto de ella, es generada por las Autonomías en un cincuenta por ciento más que la generada por el Estado Central.

Pero el pecado mortal no fue, solamente crear un problema de identidad, en aquellas regiones que no lo tenían. El pecado mortal no fue, solamente crear aberraciones de Comunidades Autónomas allí donde no existían, como la Comunidad de Madrid, la Rioja o Cantabria. El verdadero pecado mortal fue dotar a las Comunidades Autónomas de capacidad legislativa, crear diecisiete parlamentos con cientos de diputados, con miles de funcionarios; ese fue el verdadero pecado mortal.

Siempre me pareció bien que el Estado se deshiciera de las competencias más cercanas al ciudadano de a pie y las transfiera a la administración más cercana al mismo, pero aquello no tuvo nada que ver con un acercamiento al ciudadano; aquello tuvo más que ver con la creación de tres estados en uno, con lo que ello conlleva.

Si, es verdad, había un problema catalán y un problema vasco. Aun lo hay. Bien, si lo había se podía haber resuelto dándoles autonomías a esas dos comunidades, teniendo en cuenta la indisoluble unidad española, teniendo en cuenta, siempre, a los ciudadanos antes que a los territorios y, siempre, con el sentido común como guía. ¿Tan difícil era?.

Ahora vienen tiempos en los que toca ponerle el cascabel a este gato. Vienen tiempos en los que quien gobierne, además de ser buen gestor, debe ser una persona valiente, y sobre todo un buen pedagogo. Porque esto se resuelve con pedagogía, con mucha pedagogía. He dicho pedagogía, no manipulación, ¡ojo!; no se me malinterprete. La Nación es el conjunto de las voluntades de los ciudadanos libres, no un pedazo de tierra, no una ciudad, no una bandera. Todo eso también, pero la Nación son las personas: Hombres y mujeres libres. Ténganlo en cuenta todos para acometer los tiempos duros que han de venir.

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