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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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lunes, 23 de enero de 2012

Libertad y progreso.



España es un país sin libertad colectiva, de eso no hay duda. En todas las sociedades deprimidas económicamente pasa lo mismo; las asociaciones empresariales, los sindicatos, los partidos políticos, los intelectuales y los medios de comunicación social están metidos todos hasta el cuello en el engranaje del Estado. El Estado y ellos, son una misma cosa, un mismo ente. No se engañe porque algunos de estos países, como el nuestro, vistan el disfraz de democracia. En absoluto lo son. Son simulacros de democracias, autoritarismo efectivo, sin separación de poderes, sin elección efectiva de la representación política y con la confabulación de todos para seguir depredando a la población y viviendo a costa de ella. Aquí el Estado-Nación, el conjunto de hombres y mujeres libres, la soberanía de las personas, hace tiempo que dejaron de existir.

España no tiene un problema de productividad, ni problemas de contratación o despido como están tratando que creamos. No; eso es mentira. Los trabajadores españoles, a pesar de todo, están en el puesto número doce, en lo que a productividad se refiere. España, eso si, tiene un problema de competitividad de sus empresas y de competitividad sectorial. Las empresas españolas tienen enormes dificultades para colocar sus productos en el exterior y, además, la economía española ha premiado en exceso sectores como el turismo y la construcción, sectores frágiles e incapaces de generar por si solos todo el empleo que el país necesita.

También, eso es evidente, España tiene un grave problema de falta de libertad. Todos los agentes político-sociales están en el mismo barco, como si de un régimen Stalinista se tratara. Además la única herramienta efectiva que tiene el país para abaratar sus costes de producción es la bajada de salarios, ya que no cuenta con la posibilidad de devaluar la moneda, opción con la que si cuentan muchos de nuestros competidores, como China, por ejemplo. China, que además cuenta con unos salarios bajísimos, lo que hace la tarea de competir con ellos poco menos que imposible. También podemos mirar al vecino Marruecos, país destino, cada vez con más frecuencia, de industria antes presente en nuestro país, gracias a sus bajos salarios y a su débil moneda en comparación con los salarios españoles y con el euro.

La soluciones, a corto y a largo plazo, se tornan complicadas para España. Una, sería la salida, temporal y pactada, de la moneda única y la adopción de un plan a largo plazo para poder volver a entrar en ella en un futuro. Otra medida sería sacar del presupuesto y de la tutela del Estado a partidos políticos, sindicatos, organizaciones empresariales, medios de comunicación e intelectualidad. En resumen, la solución es la libertad y la recuperación de la soberanía perdida.

Es imposible que dos modelos tan dispares como el de la Europa del norte y la del sur, convivan pacíficamente en un mismo sistema monetario y económico. Para ello tendrían que cambiar mucho las cosas y ciertas mentalidades. Alemania ejerce sobre el sur de Europa la misma presión que durante años ha estado ejerciendo Estados Unidos, sobre los países de Centro y Sudamérica.

No se puede confundir colonización económica con cooperación continental. Hay que resucitar la CEE. Hay que volver a la Europa de los mercaderes. Los Estados Unidos de Europa son una quimera, un sueño imposible que nos va a empobrecer, sino reaccionamos cuanto antes. Lo veremos.

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