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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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viernes, 2 de marzo de 2012

El modelo de revolución política: La guerra de las comunidades de Castilla.



La Guerra de las Comunidades de Castilla acontece en el años 1520 y dura hasta 1522,al comienzo del reinado de Carlos I. Las ciudades protagonistas fueron las del interior castellano, situándose a la cabeza Toledo y Valladolid. Su carácter ha sido objeto de debate histórico, con posturas muy contradictorias. Algunos estudiosos califican la Guerra de las Comunidades como una revuelta antiseñorial, y otros como la primera revolución burguesa de la Era Moderna. Me inclino por esta segunda opción. Castilla, en aquella época, y fruto de siglos de reconquista ante los musulmanes, tenía concedido a sus ciudades numerosos fueros y leyes, que la hicieron un reino único en la Europa de la época. El Rey, aunque soberano, desde hacía tiempo ya, estaba obligado a la hora de emprender cualquier tentativa de acometer alguna empresa, a contar con la opinión de las Cortes, compuestas por súbditos pertenecientes a la alta y a la pequeña nobleza de las ciudades y, a la alta burguesía.
El levantamiento se produce en una situación de inestabilidad política de la Corona de Castilla, que se arrastraba desde la muerte de Isabel I en 1504. En octubre de 1517 su nieto el rey Carlos, llega a Asturias proveniente de Flandes, donde se había autoproclamado rey de sus posesiones hispánicas en 1516. A las Cortes de Valladolid de 1518, llegar sin saber apenas hablar castellano y trayendo consigo un gran número de nobles y clérigos flamencos como Corte, lo que empieza a producir recelos entre las élites sociales castellanas,que comienzan a sentir que su advenimiento les acarrearía una perdida de poder y estatus social. Este descontento de la nobleza va a trasmitirse en poco tiempo a las capas populares. Como primera protesta, comienzan a aparecer pasquines en las iglesias en contra del nuevo monarca.
Las demandas fiscales, coincidentes con la salida del rey para la elección imperial en Alemania produjeron una serie de revueltas urbanas que se coordinaron e intitucionalizaron, encontrando un candidato alternativo a la corona en la reina madre, Juana, cuya incapacidad por locura podía ser objeto de revisión. Tras un año de rebelión, se habían reorganizado los partidarios del emperador (Una parte de la alta nobleza y los territorios periféricos de Castilla, como Andalucía), y las tropas imperiales asestaron un golpe definitivo a las comuneras en la batalla de Villalar, el 23 de abril de 1521. En la localidad castellana, al día siguiente se decapita a los líderes comuneros, Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado. Tras estos hechos, el ejército comunero queda descompuesto y, solamente Toledo mantiene viva la llama de la rebelión hasta su rendición definitiva en febrero de 1522.
Así pues, la rebelión estalla en Toledo en el mes de abril de 1520, cuando la ciudad se niega a acatar el poder real cuando sus regidores son convocados a presentarse en las Cortes convocadas en Santiago de Compostela. La orden llega a Toledo el 15 de abril y, cuando los regidores con Juan de Padilla a la cabeza se disponen a partir, una multitud se lo impide y se apodera del gobierno local. Así pues el pueblo de Toledo se apodera del poder local expulsando al corregidor del Alcázar el 31 de mayo. Tras la marcha de Carlos I a Alemania, los disturbios se multiplican por toda Castilla, especialmente tras la llegada de los regidores que votaron afirmativamente a las pretensiones reales. En Segovia el pueblo ajusticia al procurador y a dos funcionarios reales el 29 de mayo, situación que se repite en Burgos y Guadalajara, donde también se persigue y se ajusticia a funcionarios reales, procuradores y regidores proclives a los deseos imperiales.
El 8 de junio, Toledo propone a las demás ciudades con voz y voto en las cortes la celebración de una reunión urgente con cinco objetivos: Anular las resoluciones votadas en Galicia, volver al sistema de encabezamiento para cobrar impuestos, reservar los cargos políticos de la Corona a los castellanos, prohibir la salida de dinero del reino y designar a un castellano para dirigir el reino en ausencia del rey.
Estas revindicaciones calan en la sociedad castellana. Ante esta situación, el reino comenzó a alimentar la idea de sustituir la figura del rey y convertir a las ciudades de Castilla en ciudades libres, de manera similar a lo que pasaba en Italia con Génova y otras ciudades. Con estas ideas, la situación pasaba de ser una protesta contra la presión fiscal a tomar el perfil de una auténtica revolución, teniendo Castilla perfecto conocimiento de la situación y acogiendo con algunas reservas las propuestas toledanas.
Los comuneros se hacen fuertes en el centro de la Meseta. No hubo intentos de rebelión en lugares como Galicia y las tres provincias vascas. Los rebeldes intentan expandir sus ideas al resto del reino, pero su radio de acción se debilita a medida que se aleja de la Meseta. Hubo intentos de llevar la revuelta a Andalucía y la Vascongadas, pero no fructificaron.
En el mes de agosto, la Junta que reclamaba Toledo, de las ciudades con derecho a voto, se reunen en Ávila, pero solamente con cuatro ciudades presentes: Toledo, Segovia, Salamanca y Toro.
Tras este decepcionante resultado, la situación dio un vuelco cuando el 10 de junio, el alcalde de Segovia, Rodrigo Ronquillo recibió la orden de investigar el reciente asesinato del procurador, pero en vez de eso, se dedica a amenazar a los segovianos y a tratar de aislar a la ciudad impidiendo su aprovisionamiento. Ante esta situación la población cierra filas en torno a Juan Bravo, líder comunero. Segovia es asediada por un numeroso ejército y los rebeldes piden auxilio a las demás ciudades insurrectas. A esta llamada acudieron las ciudades de Madrid y Toledo, con el envío de milicias capitaneadas por Juan de Padilla y Juan de Mena, sellándose la primera gran confrontación entre las fuerzas realistas y los rebeldes.
Ante esta situación, Adriano de Utrecht que había quedado como regente en ausencia el monarca se plantea la posibilidad de utilizar la artillería real localizada en Medina del Campo. La población de Medina se opone e impide que los realistas se hagan con la artillería, lo que provoca el incendio de una parte importante de la villa. Esto provoca que se levanten ciudades que hasta ahora se habían mantenido al margen, como Valladolid.
El 24 de septiembre los procuradores del los comuneros se entrevistan con la reina madre, Juana a la que exponen los fines de la Junta: Proclamar la soberanía de la reina y devolver la estabilidad perdida al reino. El 25 de septiembre la Junta realiza un declaración compromentiéndose a utilizar las armas si esto fuera necesario y a auxiliar a cualquier ciudad que estuviera amenazada, siendo comunicado este juramento en los días sucesivos a todas las ciudades representadas. El 26 de septiembre la Junta de Tordesillas decide asumir ella misma la tarea de gobierno, desacreditando al Consejo Real, prendiendo el 30 de septiembre a los últimos miembros del mismo que quedaban en Valladolid.
En ese momento culmina el proceso y se instaura un gobierno revolucionario, ya que la Junta tenía vía libre por la inoperancia del Consejo Real.
La expansión de la rebelión comunera provoca la acusación de complicidad con los abusos reales extendida a todo el funcionariado. La protesta comunera nació ante los excesos cometidos por la administración imperial, pero pronto surgieron nuevas reivindicaciones ante otro tipo de perjuicios. Así ocurrió que en 1520, los vasallos del conde de Buendía, se sublevan contra su señor. A este levantamiento le siguieron otros similares, de carácter antiseñorial. Los cumuneros entonces se ven obligados a tomar una posición: Defender a los vasallos o a sus señores. La Junta se decide por los primeros. La dinámica del levantamiento entra entonces en una nueva dimensión que podría comprometer la situación del régimen señorial en su conjunto, lo que provocó el alejamiento de la causa comunera de arístócratas y señores.
Ante esta situación Carlos I, mediante el cardenal Adriano de Utrecht, decidió emprender nuevas iniciativas políticas, como la de anular el servicio concedido en las Cortes de La Coruña-Santiago y nombrar dos nuevos gobernadores: El Condestable de Castilla, Iñigo de Velasco y el Almirante de Castilla, Fadrique Enríquez. Adriano consiguió acercar posturas con los nobles y el Consejo Real se estableció en el feudo del Almirante, Medina de Rioseco.
Las estrategias de uno y otro se van desarrollando. Los realistas empiezan a financiarse de la alta nobleza y de los grandes comerciantes castellanos y los comuneros de la pequeña burguesía ciudadana y del pueblo.
La guerra durará hasta 1522, año en que retorna el rey a Castilla.
Las consecuencias de la Guerra de las Comunidades de Castilla fueron la pérdida de la élite política de las ciudades castellanas. La nobleza y las capas burguesas quedaron neutralizada frente a la triunfante monarquía autoritaria de los Austrias; el segmento alto de la nobleza se vio compensado por su apoyo al emperador, con cuyos intereses quedó identificada estrechamente, pero quedando clara la subordinación al monarca. Las Cortes de Toledo de 1538, últimas a las que se convocó a la nobleza como brazo o estamento, sancionaron esa nueva forma de gobernar la Corona de Castilla. La derrota comunera acaba, en buena medida, también, con la autonomía de las ciudades y con las aspiraciones burguesas, como contrapeso de la alta aristocracia y la Corona. Todo esto, traería, en siglos posteriores, tras la conquista y colonización americana y, tras una posición hegemónica española durante los reinados de Carlos I y de Felipe II, un decaimiento y una crisis política y económica, durante los reinados de sus sucesores, sin precedentes en la historia mundial.
La guerra de las Comunidades de Castilla, son un gran hito en nuestra historia. Fueron estos unos hechos que podrían haber cambiado y dado la vuelta totalmente a la historia de España, de haber triunfado el bando rebelde. Son también, como decíamos, la primera revolución política de la era moderna. Sin duda que la revolución comunera sirvió, en alguna medida, de ejemplo, para las posteriores revoluciones, inglesa del siglo XVII, y francesa del XVIII.

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