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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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martes, 24 de abril de 2012

Elecciones en Francia.


Parece como si las elecciones presidenciales francesas fueran la "gran esperanza blanca" para algunos, que las estaban esperando como agua de mayo, para ver la costalada del centro derecha de Sarkozy y comprobar como le canta las verdades del barquero, Francoise Hollande, el virtual ganador, a la "bruja mala", Angela Merkel. Nadie o casi nadie contaba con la sorpresa de un Marine Le Pen que ha sacado un nada despreciable 19% de los votos. La "corruptoprensa" española se alineaba con Sarkozy y con Hollande, únicamente, según el color de la trinchera donde militaran sus opinadores profesionales. Aparte de habernos dado una vez más una lección de democracia, el pueblo francés ha votado mayoritariamente en contra de este pseudocapitalismo sin rosto que intenta gobernarnos a todos los europeos sin que nadie les haya elegido para tal fin. Para ese cometido le dio la llave del Elíseo a Hollande, a falta de la segunda vuelta por supuesto, pero compartió esa llave con Marine Le Pen.

Es curiosa la actitud de la prensa de medio mundo hacia la líder del Frente Nacional. Las calificaciones son siempre las mismas: Ultraderechista, populista, racista... ¿Es racista alguien que propone una inmigración racional y controlada? ¿Es populista alguien que defiende al pequeño indusrial, al agricultor, al trabajador francés? ¿Es ultraderechista alguien que defiende los intereses nacionales de su país frente a los que atacan la riqueza y la estabilidad del mismo desde fuera? Y todo esto teniendo en cuenta que nadie puede achacar una doctrina basada en la violencia política a la formación patriótica gala. El caso es que si es así; que esta señora es ultraderechista, populista y racista, entonces muchos españoles también lo somos. Un alto porcentaje que empieza a estar harto de las consecuencias de una inmigración descontrolada, que empieza a estar harto de la caída industrial nacional, de que nuestra agricultura esté por los suelos, de que los derechos de los trabajadores españoles sean pisoteados, que empieza a estar harto que nos impongan las directrices económicas desde fuera, de los ataques de los especuladores que sufrimos un día si y otro también. Si. En España hay mucha gente que podría pasar entonces por Ultra, por populista y por racista. Gente que ha votado a la izquierda o a la derecha, alguna vez en su vida. Gente que se tragó muchas de las mentiras que nos contaron. Si. Esa gente, de ser franceses y poder votar en Francia, serían calificados de ultraderechistas, populistas y racistas por los apóstoles de lo políticamente correcto.

Se está pasando por alto la importancia que va a tener el Frente Nacional en Francia en los próximos años. Gane quien gane las elecciones presidenciales, bien Sarkozy bien Hollande, tendrá que escuchar el mensaje que le ha mandado el pueblo que no optando mayoritariamente a ninguno de ellos y dando un empujón tan grande a la "tercera vía" de la política francesa. De todos modos, lo importante viene en las próximas legislativas, las cuales le pueden dar el definitivo espaldarazo a la lider del Frente Nacional y colocarla como segunda fuerza política y a las puertas de la presidencia de la República para futuras citas.

En Berlín andan preocupados con los resultados franceses. No es lo mismo que un partido como el de Marine Le Pen, tan escéptico con las políticas patrocinada por la Canciller alemana, gane en Holanda, por ejemplo, que lo haga en un "peso pesado" como Francia. Y todo ello a un año vista de las elecciones generales en Alemania.

Aquí en España, como era de esperar, las elecciones francesas han sido pasadas por el tamiz del "hooliganismo" de salón. Por la opinión tergiversada y por el partidismo más zafio. Desde los partidos políticos se ha izado la bandera partidista, para consumo interno de estómagos agradecidos y para la propaganda nuestra de cada día. Algunos, pocos, miramos con el rabillo del ojo lo sucedido en Francia, con envidia, con mucha envidia. Todavía estamos a años luz de la democracia francesa.   

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