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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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jueves, 12 de abril de 2012

Las serpientes de cascabel empiezan a suicidarse.




Es lo que decía Gene Hackman, encarnando a un duro agente del FBI en "Arde Mississippi": "Las serpientes de cascabel empiezan a sucidarse", en referencia a los caballeros del Ku-klux-klan, que empezaban ellos solitos a delatarse y a caer, fruto de sus propias contradicciones.

Antes de ayer, la "lideresa", Esperanza Aguirre, eterna aspirante al trono de la Moncloa, se "destapó" con unas declaraciones muy curiosas, amén de cínicas. Decía doña Esperanza, que ella era partidaria de devolver competencias al Estado, sobre todo las de sanidad y educación. Eso, sería creible si fuera acompañado de acciones creibles. Mientras la Señora aboga por la administración única y centralizada con una mano, con la otra mantiene dos canales de televisión y uno de radio, autonómicos, públicos y deficitarios, por ejemplo. De todos modos lo tiene fácil, si no cree en las Autonomías y en la descentralización estatal, siempre puede dimitir, y su partido, que recordemos que goza de mayoría absoluta también en Madrid, siempre puede optar en la Asamblea regional la disolución de la misma, organizar la celebración de un referendum y preguntar a las gentes que sobreviven en la Villa y Corte y alrededores, si quieren autonomía o quieren que sus vidas pase a administrarlas el Estado Central. Nada más fácil.

Nosotros desde aquí, siempre hemos abogado por una administración descentralizada. Eso si; el estado de las autonomías no es una administración descentralizada; es una administración centralizada diecisiete veces, que no es lo mismo. Han creado en cada pequeña satrapía todos los males de un estado jacobino, multiplicado por diecisiete, y así no puede funcionar. Pero es que además, el Partido Popular lo tiene muy fácil, pues goza de mayoría absoluta en el Estado, la mayoría de los gobiernos autonómicos y en la mayoría de los ayuntamientos. Tiene casi poder absoluto, dado por los españoles en unas elecciones. Y aún así no se atreve a poner el cascabel al gato. Necesita consensuar. ¡Ay, el consenso! Señal inequívoca de la falta de democracia.

Así pues, hemos llegado a un punto de no retorno. A un punto tal, que en Europa no nos creen. Nosotros vamos por el mundo, encantados de habernos conocido a nosotros mismos, con nuestros diecisiete mini-estados, nuestros aeropuertos cerrados, nuestra manera faraónica de entender la política, pretendiendo que el mundo nos de la razón. La cosa es más complicada. La prima de riesgo sigue subiendo, y sigue subiendo porque los potenciales inversores en deuda española saben que el problema no es tanto el Estado Español, o la parte central del mismo. Saben que el problema son las autonomías, como la de doña Esperanza Aguirre, que gastan sin límite alguno. Ese es el auténtico problema español y ellos lo saben.

Nos creeríamos el órdago de la señora Aguirre, si fuera acompañado de acciones concretas en su acción de gobierno en el día a día. Como esto no es así, no la creemos, ni nosotros ni, lo que es peor, los mercados. Eso es lo verdaderamente importante.

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