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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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lunes, 16 de abril de 2012

Síntomas de una democracia fallida: El Consenso.



Después de que el 20 de noviembre del pasado año, el pueblo español le diera una mayoría absoluta a Mariano Rajoy, mayoría combinable con la que meses atrás le dio al Partido Popular en las elecciones autonómicas y municipales, el flamante presidente no perdió un minuto y buscó el consenso con quién se suele buscar siempre en estos casos: PNV y CiU. Si la cosa pinta muy mal, se intentará siempre buscar el consenso también con la fuerza mayoritaria de la oposición: El PSOE, pero eso solamente si la cosa pinta muy mal, que lo empieza a pintar.

Señal inequívoca de que en España no hay democracia es esta augusta y antigua costumbre de consensuar con el "rival" los pasos a seguir en los siguientes cuatro años a unas elecciones. Ya en el siglo XIX, apuntábamos maneras. Recuerden la famosa alternancia de Cánovas y Sagasta, conservadores y liberales, al frente de la gobernanza patria.

No hay medida más antidemocrática que el consenso. El programa político y electoral de un partido, no es más que mero papel mojado. Si en lo fundamental se ponen de acuerdo las fuerzas políticas, ¿no será más bien por que en el fondo son las distintas patas de una misma mesa?. Para que hacer elecciones pues. ¿No sería mejor un gobierno autoritario?. ¿No es lo que tenemos, votemos lo que votemos?.

Por ello, insistimos, en que España debe cuanto antes cambiar la ley electoral y cargarse el sistema proporcional y el "café para todos" por un sistema mayoritario. Si yo voto al señor "A", es porque nada más y nada menos que estoy de acuerdo con el programa que el señor "A" me ha propuesto, será pues perfectamente democrático que si el dichoso señor "A" gana unas elecciones por mayoría absoluta, lleve a cabo ese programa. Para que consensúe su programa con el señor "B", hubiera votado a éste y me hubiera ahorrado las elecciones y el consiguiente berrinche que tanto "A" como "B" me han dado. ¿No?.

Parece que de más pedigrí democrático que el que sube al poder en este país diga que va a consensuar con la oposición la política que va a llevar a cabo. Parece así mismo, que quien no diga que va a consensuar su política con el adversario y se disponga a llevar a cabo el programa por el cual le han votado mayoritariamente en unas elecciones democráticas, fuera un dictador sin escrúpulos, un ogro, un ser autoritario y sin sentimientos. Da la casualidad de que es justamente lo contrario.

Es en países con déficit democráticos donde más se da el consenso. Es en simulacros de democracias donde más se pone en práctica. Donde no existe separación de poderes y donde las asociaciones políticas, los partidos, viven de la sopa boba del Estado. Donde los ciudadanos permanecen ajenos al ir y venir de los políticos. En definitiva; donde hay una casta dirigente que dirige la nave. ¡Viva el neodespotismo ilustrado!.

El consenso es pues la más clara prueba de una democracia fallida.

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