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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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jueves, 3 de mayo de 2012

Holanda


Holanda siempre fue un país singular, en constante lucha por su supervivencia; contra la naturaleza, ganándole una parte de su territorio nacional al mar, contra el Imperio Español de los Austria y, en épocas más próximas contra sus dos poderosos vecinos, Francia y Alemania. Fruto de esta lucha, este pequeño país desarrolló un innato sentido para el comercio, que le hizo convertirse en una potencia de primer orden, capaz de hacer frente a los imperios español, británico y francés.

En el siglo XX, durante la posguerra y hasta los años ochenta y noventa del pasado siglo, Holanda consiguió subirse al tren de las primeras economías continentales, con una industria, una agricultura y un comercio envidiables, amén de una calidad de vida para sus ciudadanos, que lo situó no solo entre los países más industrializados, sino entre los países que mejor calidad de vida daba a sus ciudadanos. Durante las décadas de los sesenta y setenta del pasado siglo, Holanda fue un país receptor de numerosos inmigrantes, que acudieron a trabajar en su pujante industria, y sus servicios, desde los países del sur de Europa. Este tipo de inmigración euromediterranea, se adaptó bien al canon de vida de Holanda, un país que había vivido los últimos lustros en medio de una sanidad democrática, que esos ciudadanos procedentes de las penínsulas ibérica, itálica y balcánica, no habrían podido soñar jamás obtener en sus países originarios.

Pero las tornas cambiaron en mitad de la década de los ochenta del pasado siglo y durante la década de los noventa. Los países euromediterraneos del sur del continente se integran en la CEE y empiezan a prosperar, primero a golpe de fondos de cohesión y después a golpe de crédito barato. La inmigración sureña se para y empiezan a acudir al país, inmigrantes de todos los continentes, pero especialmente del norte y del centro de África. Muchos de ellos con costumbres, una cultura y una religión muy distintas a las del país de acogida.

Holanda es un país donde el brazo del estado de bienestar se ha hecho sentir siempre, tanto para autóctonos, como inmigrantes. Aún así, empiezan los choques culturales, y religiosos, y con ellos emerge un partido de corte nacionalista, que se ha posicionado contra Europa, contra el euro, contra el multiculturalismo. Es el partido de Geert Wilders.

No voy a entrar aquí, ahora, en el debate sobre si el señor Wilders es un populista, un ultraderechista, un demagogo o un individuo peligroso. No. De eso ya se encarga otra gente,la prensa al servicio de la oligarquía, por ejemplo. Mucha gente se echa las manos a la cabeza en Europa cuando oye discursos como el de Wilders, Le Pen u otros líderes, digamos de corte nacionalista. No entendemos por qué.

Tanto el señor Wilders, como la señora Le Pen, no han usado la violencia para ascender en política, han condenado la inmigración irregular y masiva, la pérdida de valores de Europa, en particular y, de Occidente en general, han denunciado el capitalismo depredador que estamos padeciendo...¿Hay algo de malo en ello, aparte de los intereses de unos pocos oligarcas que aspiran a quedarse con servicios estatales en Europa?

Me parece que fue el economista Niño Becerra el que dijo que la salida a esta crisis sistémica que estamos padeciendo, saldría de países singulares, como Inglaterra y Holanda. Países que siempre han tenido que luchar a brazo partido por su supervivencia, singularidad que les ha hecho prosperar mucho. Yo también lo creo así.

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