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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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domingo, 20 de mayo de 2012

Unos caóticos mediterraneos.



Cada vez son más los que se preguntan como un país como España, cuatro veces más grande que Grecia y Portugal, por ejemplo, con grandes multinacionales operando a lo largo de todo el mundo, con una población superior a cuarenta millones de habitantes, ha podido caer en el más absoluto caos y en el descrédito mas absoluto. Igualmente, cada vez son más los que se preguntan por esta faceta de "Ave Fénix" de España.

Quizá tenga que ver algo, nuestra manía de no aceptarnos como somos, sin más; de no aceptar que somos unos caóticos mediterraneos, a los cuales les cuesta horrores emprender algún proyecto colectivo de cierta enjundia, si no es siendo, de alguna manera, acaudillados por algún salvapatrias.

En los últimos años, hemos vendido hasta la saciedad, nuestra "maravillosa transformación político-social". Hemos vendido la transformación de pequeño reino dictatorial meridional que fuimos un día, en una democracia más o menos aceptable, como una gran hazaña. Quizá, nos hemos creído un poco, seres superiores, de la noche a la mañana, capaces de compararnos con los vecinos del norte, a los que veíamos no hace mucho, como seres de otro planeta, hechos de otra pasta, más altos, más guapos, más avanzados y más ricos. Para lograr alcanzarlos, decidimos tomar un atajo, mentirnos a nosotros mismos. Reformamos un estado caduco y pretendimos durante años ser la admiración del mundo. Si; nos engañamos a nosotros mismos, y nos ayudaron a engañarnos, a base de fondos de cohesión, cambiamos el paisaje del país, pero invertimos poco en el paisanaje.

Nos dotamos de universidades, si, y de hospitales, también, y autovías, y trenes de alta velocidad, pero en muchos casos, fueron el resultado de toneladas de donaciones públicas, sin sentido práctico alguno. Se montó un castillo de naipes, que no ha tardado mucho tiempo en caer. Fue como aquel habitante de un barrio de chabolas que se encontró en un vertedero unos sanitarios de marmol rosa e intentó acoplarlos a su chabola. Quedaba "de modé", pero no le hacía ningún servicio.

A veces son las pequeñas cosas las que hacen prosperar a las sociedades. En los últimos ochenta años, un señor al que se le ocurrió poner un palito a un caramelo, y otro al que se le ocurrió poner un palo a unas tiras de tela e inventar la fregona, hicieron más por la riqueza nacional, que todos los fondos de cohesión recibidos por España en la última década.

A veces, ser unos caóticos mediterraneos da sus frutos. El tener ese sentido de la oportunidad y esa viveza que da el azul eterno del Mare Nostrum, reporta beneficios. Hemos estado años intentando aparentar lo que no éramos. Nos intentamos dotar de la prosperidad anglosajona, escamoteando impuestos, defraudando, engañando, haciendo trampas...

La Unión Europea, es y será siempre un fracaso. Los norteños y los caóticos mediterraneos, somos como el agua y el aceite. Para darse cuenta de ello, solamente hay que comprobar la manera de tratar los problemas de la banca, en unos y otros países. ¿De verdad puede creer alguien que los gestores de Bankia, de la Caja de Ahorros del Mediterraneo o de Caja Castilla la Mancha, se irían de rositas en Alemania, Inglaterra o Estados Unidos?

A veces, reconocer pecados y conocerse a si mismo, da unos resultados increibles.

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