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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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viernes, 28 de septiembre de 2012

La calle habla.



No soy amigo de manifestaciones, caceroladas, concentraciones, minutos de silencio, levantamientos de manos al grito de "estas son nuestras armas" y cualquier tipo de protesta callejera. Quien me conoce, sabe muy bien porque; por la cara de gilipollas que se le queda a uno, cuando pasados los días o los meses, llegan unas elecciones y vuelven a salir elegidos los mismos. Entonces uno se pregunta; "para qué, y se contesta a si mismo; "para nada, así que, nunca más".

Eso si; entiendo perfectamente que haya personas que, cabreadas, salgan a la calle a protestar, contra un gobierno que ha hecho justamente todo lo contrario de lo que prometió en campaña electoral, y de un presidente, que en un alarde constante de impotencia e inutilidad política, es capaz de decir a la ciudadanía que sus acciones al frente del ejecutivo son imposiciones foráneas, si con esa acción de salir a la calle va a vivir usted más tranquilo, adelante, porque que el político al que tú le has dado tu confianza te mienta, la verdad puede enervar al más cándido.

Entiendo que el personal, o una parte de él, salga a la calle porque no vea ya solución alguna a este lío, en el que nos han metido los políticos y los banqueros, espoleados por nosotros. Si quien te representa anda tan alejado de ti, tan por encima tuya, que es incapaz de tener un mínimo de empatía hacia ti, entonces es hasta cierto punto normal que las calles se llenen de desencantados.

No entiendo a cierta parte de los periodistas españoles, que en los días 25 y 26 pasados, se hayan atrincherado en posiciones tan radicales, tan en contra de que la gente salga a la calle a poner sobre la mesa su descontento. No se puede ser tan cínico, tan parcial, tan fariseo, tan hipócrita, al condenar una protesta callejera, cuando no hace mucho, muchos de los que hoy se rasgan las vestiduras en las tertulias del "TDT Party", iban pancarta en mano, al lado de los obispos, de dirigentes del PP o de las víctimas del terrorismo, cuya protesta callejera seguramente estaba cargada de razón en su momento, o tendrían poderosas razones los convocantes en aquel momento para llevarlas a cabo, por sentirse agredidos por las políticas llevadas a cabo, por el entonces presidente del gobierno, Rodríguez Zapatero.

De todos modos, esto que está empezando a suceder en España lo hemos venido advirtiendo aquí desde hace mucho tiempo. Es tal la distancia que empieza a separar a unas clases de otras, que lo raro es que la protesta y la algarada no se hayan producido antes. Estas cosas suelen suceder cuando los de abajo empiezan a sentirse indefensos, frente al asalto al estado que están llevando a cabo los de arriba. La gente, como anunciamos aquí hace ya mucho tiempo, está empezando a salir sola a la calle, sin respaldo organizativo alguno, sin organización política alguna, detrás de ellos, y eso que aún no nos han rescatado. ¿Se imaginan lo que sucederá cuando nos rescaten?

A nuestro modesto entender, aquí hay dos caminos a tomar:
- Uno, es más democracia, más control ciudadano de los políticos y las instituciones, y más control de estos sobre los poderes económicos.
- Otro, es dejar las cosas como están, aceptar lo inaceptable, acatar las medidas leoninas impuestas desde fuera y esperar a que el país arda por los cuatro costados.

¿A cual se apuntan ustedes?

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