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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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martes, 30 de octubre de 2012

La economía del dolor.

El huracán Sandy ha pasado por la costa este de Estados Unidos, y ha dejado la ciudad de Nueva York hecha uno zorros. Varias zonas de la ciudad sin suministro eléctrico, estaciones de metro inundadas, hogares destrozados. Dicen que Sandy ha podido dejar a su paso un reguero de destrucción similar al que dejó el Katrina en Nueva Orleans en el 2004.

Por cierto, en Nueva Orleans, la reconstrucción se dejó en manos de contratistas privados, que suplieron a la administración en la atención y recuperación de personas y bienes. Esto, según denuncia mucha gente, fue lo peor que pudo pasarle a las clases más humildes que poblaban entonces la capital de Luisiana, la mayoría de raza negra o hispanos.

Se teme, que en Nueva York se siga con la misma cantinela de dejar en manos privadas, la reconstrucción de bienes y la recuperación moral y económica de las personas. Es el neo liberalismo en su más tétrica versión. Es la economía del dolor, la economía que planea sobre el desastre, la que saca dividendos de la destrucción, destruir para construir después, pero para construir un mundo donde nada sea ya igual que antes del desastre natural en cuestión.

De hecho, ya se está empezando a especular, sobre las empresas que subirán o bajaran en Wall Street, tras la tragedia, por causa de ella o por encargarse de gestionar sus secuelas. Hay que tener en cuenta que una tragedia natural, al haber privatizado el gobierno de turno la actuación posterior a ella, es como maná caído del cielo para muchas multinacionales americanas.

Bienvenidos a la economía del caos, a la economía del dolor, detrás de cada guerra, de cada terremoto, de cada huracán, de cada tsunami, de cada tornado, aparecerán ellos, con sus constructoras, sus aseguradoras, sus empresas de sistema de seguridad, su sanidad privada, sus ONGs.

El caos es positivo para este tipo de economía, es más, ahora mismo es lo único positivo que hay, pues viven de ello, y además, una situación de caos es una espléndida ocasión para cambiar muchas cosas, siempre, por supuesto, para cambiarlas a favor de la oligarquía empresarial.

Imaginamos, que cuando el sol vuelva a lucir en el cielo de Nueva York, pasado mañana, o al mes que viene, ya nada volverá a ser como antes, o volverá a ser como antes, pero empeorado. Depende si la visión la hace un miembro de las clases medias o uno de las capas más bajas de la sociedad neoyorquina, la más numerosa, por cierto.

Que se lo digan sino a los habitantes de Nueva Orleans.

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