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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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viernes, 4 de enero de 2013

El que se tiene que batir el cobre, mal pagado. La clase dirigente, pagada en demasía. La España eterna.

Es un clásico en la angustiosa y dilatada historia de España, lo de mandar a la tropa a guerrear con escopeta de corcho, en alpargatas y con un mendrugo de pan en el bolsillo, mientras la élite se reparte el pecunio que debía de haber ido dirigido a esa desarrapada tropa.

Este es el país que para enfrentarse a los ingleses en Trafalgar, reclutó a los peones de a bordo de los barcos que debía enfrentarse a Nelson, entre los clientes más selectos de los burdeles y las tabernas de Cádiz y alrededores. Cuentan que muchos de aquellos infelices, no se enteraron de que formaban parte de la gloriosa marina española, hasta que se despertaron de la gran cogorza de la noche anterior en la bodega de alguna de las naves de guerra, a la que los habían subido estando en los brazos de Morfeo y habiendo adorado en demasía a Baco.

Este país, en muchos aspectos, ha cambiado mucho desde aquellos días, pero a veces, con excusas varias, como la crisis, como el neo liberalismo, se amenaza con volver a las andadas. Nuestros políticos y nuestros oligarcas, se empeñan una y otra vez en mal pagar a quien se bate el cobre, día a día, a quien forma la base de una sociedad que debiera ser próspera. Quien vigila la ley y el orden en nuestras calles, quien se ocupa de cuidar por nuestra salud, quien vela por nuestras vidas en incendios y catástrofes varias, quien limpia nuestras calles, recoge nuestra basura, cuida a nuestros mayores, a nuestros niños, nos sirve el menú al medio día, nos atiende en una tienda o un supermercado, conduce nuestros transportes públicos...

Una vez más, la salida a la crisis se quiere hacer denigrando a la gente que trabaja, a la masa productiva, y favoreciendo a la micromasa especulativa y oligárquica, que cada vez más, se aprovecha del Estado en su beneficio y aporta cada vez menos a la sociedad.

Esta situación, como aquella de Trafalgar, nos llevará al caos y a la depresión colectiva. Eso si, una vez más, porque esto, no se nos olvide, es España, se confunde el talento con el talante. Estamos en un país donde la honradez y la predisposición positiva estan perseguidos.

Este, sigue siendo aquel viejo país que en el siglo XIX perdió toda su gloria, fruto de la incapacidad de sus dirigentes y de la necedad y la miseria de sus habitantes. Seguimos en ello doscientos años después.

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