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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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viernes, 15 de febrero de 2013

¡Yo soy de Alcorcón, de Alcorcón, de Alcorcón!

¡Yo soy de Alcorcón! Esta es la canción más tarareada en la localidad del sur-oeste de Madrid durante estos días, tras conocerse la noticia de que "Habemus Eurovegas". En las imágenes de televisión se podía ver a un grupo de chavales, saltando y bailando, en lo que imaginamos es la Plaza Mayor de la localidad alcorconera, al ritmo del estribillo antes mencionado, copiado del patrioterismo de sangría y fútbol de los seguidores de la egregia selección nacional de fútbol.

No me quedan apenas fuerzas para criticar Eurovegas, pues al fin y al cabo, una inversión así es la respuesta lógica a los méritos de un país como España; que se permite el lujo de formar en las universidades del país, a medio millón de jóvenes que van a acabar sus días de camareros y de canguros en la Europa del norte. Esta es una banderilla más en las anchas espaldas de la ancha Castilla. El pueblo canta y baila, ahora, cuando se conoce el proyecto, cuando los Pepitos Grillos de turno son acallados. Ese mismo pueblo que saldrá a la calle indignado, cabreado, asombrado, a consecuencia de lo que hoy celebran, de lo que, aparentemente, viene envuelto en el papel del dinero sucio, el juego, la falta de escrúpulos, la barra libre, la fetidez.

Todo da igual. ¡Yo soy de Alcorcón!, gritan, y brindan con cava y con sidra "El Gaitero", y bailan y cantan, como si les hubiera tocado algo a ellos, y el alcalde de la localidad sale a la palestra, y se felicita por la lluvia de millones y de puestos de trabajo que van a caer desde el cielo raso y azul de Nevada, porque en eso seguimos siendo muy de pueblo, y pensamos que una inversión así, tiene que ir primero para los del pueblo, y luego si sobra para los demás. Qué bien nos retrató don Miguel Delibes en su novela "El Tesoro".

¡Yo soy de Alcorcón!, cantan, y bailan al son que más calienta, como en la década pasada cantaban y bailaban los habitantes de la Comunidad Valenciana, cuando veían desfilar por sus calles desde la Fórmula 1, hasta la Copa América de vela, con inversiones millonarias. Cuando se anunciaba que se iba a construir un aeropuerto en Castellón. Cantan y bailan, como cantaban los zaragozanos con su Expo del agua, que hizo aguas por todos lados, o como los habitantes de media España, a los que se les  prometió trenes de alta velocidad hasta para ir al baño, o los habitantes de los secarrales levantinos y castellanos, poblados de grúas y ladrillazos a medio construir y despoblados de gente, o los habitantes de ciudades dormitorios, como la misma Alcorcón, cuyos ayuntamientos en los años de jauja y crédito, sorteaban las viviendas de protección oficial entre los ciudadanos, como se sortean bellotas entre los cerdos. Y los ciudadanos acudían, y cantaban y bailaban, y bebían sidra y cava, cuando les tocaba una de las viviendas sorteadas. Cantaban y bailaban, pero no se preguntaban, quien eran lo políticos para sortear algo a lo que tenían derecho, como es la vivienda.

Por ello, líense la manta a la cabeza, canten conmigo, bailen, salten, ¡Yo soy de Alcorcón, de Alcorcón!. Ya vendrá el tiempo de lamentarnos.

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