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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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viernes, 29 de marzo de 2013

El equilibrio, indispensable.

..."Las personas somos en principio individuos, es decir, seres que dentro de la especie gozamos de independencia. Pero en nuestro caso, cada individuo no es simplemente un "uno", sino un "quien"único e irrepetible.
Un refuerzo exagerado de esta dimensión a costa de la social e histórica conduce a un tipo de individualismo egoísta, según el cual la vida social tiene que esta al servicio de los individuos y defender la independencia de cada uno de ellos, olvidando que es imposible conseguir el bienestar de todos si cada uno no tiene presente que "somos unos con otros"-
La dimensión social es la de la convivencia, la que ha conducido a caracterizar al ser humano como un "animal cívico". Tal dimensión presenta dos vertientes:
- La de la relación personal, es decir, la de aquellas relaciones entre amigos o conocidos en las que hay una conexión entre dos personas que se reconocen como insustituibles.
- La de las relaciones impersonales, propias de las instituciones, la economía, el Estado o la burocracia. Aquí las personas no se conocen como tales, sino que se tratan como individuos perfectamente intercambiables por otros.
Aunque las dos dimensiones son indispensables para vivir, la creciente desaparición de la primera en las sociedades complejas está dando lugar a un mundo de individuos anónimos, mutuamente desinteresados.
Ciertamente, el ser humano es por naturaleza social pero, igual que el induvidualismo excesivo lleva a olvidar esta realidad de la persona, la excesiva insistencia en la dimensión social puede conducir al colectivismo anulando el irrepetible carácter de individuo que cada persona tiene".
(Texto extraído de "Ática", libro de filosofía dirigido a la docencia, de Dª Adela Cortina, Catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia. Ed. Santillana).

El equilibrio, tan necesario, tan indispensable, nos ha abandonado. No, no es un problema nacional, ni de la actual época. Es un problema internacional, que afecta a todas las naciones de la tierra, y es un problema que nos viene afectando desde hace años.
Nos hemos empeñado en seguir mirando al árbol, pero sin ver el bosque. Nos hemos empeñado en seguir sumergidos hasta el cuello en el pensamiento único, y eso acabará con nosotros.

Chipre, un pequeño país mediterraneo, frontera del cristianismo con el islam, oriental, isleño, en cierto modo un paraíso fiscal para fortunas nada limpias, nada claras, desde hace años, pocos, miembre de la Unión Europea, y del euro.

Chipre ha sido el primer país de la zona euro en decretar un corralito; limitaciones para que los depositantes y ahorradores, pequeños y grandes puedan disponer libremente de su dinero.

La seguridad de los ahorros a tomar viento, en entredicho. ¿Es Chipre un laboratorio de técnicas aplicables en un futuro próximo o lejano en otros países más grandes y complejos?, no lo podemos saber, aunque lo intuímos.

Los incontables problemas que tenemos en la vida cotidiana, nuestro excesivo individualismo, nuestra cerrazón, nuestra tozudez, nuestra visión sesgada, están haciendo que veamos en Chipre un caso aislado, como antes lo vimos en el hermano mayor de Chipre, Grecia. Pero no es así.

Veamos las cosas con equilibrio, valoremos, calculemos, analicemos, usemos la balanza, recurramos al equilibrio, y luego, actuemos en consecuencia, sin tragedias, sin excesos.

Hagámosles ver que no somos borregos.

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