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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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martes, 3 de septiembre de 2013

Treinta y un parados menos: Entre la mediocridad y la propaganda.


Entre la mediocridad periodística y la propaganda, prefiero la mediocridad. La torpeza del periodista mediocre puede hacer que de cuando en cuando surja de sus fauces una verdad, aunque esta surja sin querer, fruto como decimos de la torpeza. Sin embargo el propagandista nunca dará su brazo a torcer, jamás. Acatará como un perro fiel las órdenes del comisario político de turno, y mentira por los cuatro costados, a diestro y siniestro, sin ambages, sin cortarse un pelo, a calzón quitado, sin aviso previo, atendiendo a la voz de su amo, el poder. Y aún así, ellos también caen al final en la mediocridad.

Hoy, es uno de esos días en los que es mejor no encender la tele, ni la radio, ni leer la prensa. Total, toda o casi toda, está en las mismas manos, y propagandean, y mienten, sin mediocridad aparente, diligentemente, soviéticamente. Hoy nos han dado la fenomenal, la inmensa, la grandísima noticia de que la administración Rajoy Brei ha conseguido bajar el paro en.......31 personas.

Todo el verano, todo el mes de agosto, diciéndonos, contándonos, machacando nuestros oídos con la cantinela de que es el mejor verano en 20 años, que en la costa, los hoteles, los restaurantes, los chiringuitos, las playas han estado hasta la bandera de turistas. Si, señores, si. Esto se mueve, vamos pa'lante como los de Alicante, pa'rriba como los de Villa Arriba. La Seguridad Social vuelva a recuperar cotizantes, si señor, ¡aleluya!.

Pero he aquí que viene el 3 de septiembre, un martes cualquiera, donde los gilipollas están de visita al psicólogo para tratarse su estrés pos vacacional, y los niños más pequeños empiezan el colegio. Un martes cualquiera de septiembre, caluroso, raso, anodino, en el que los propagandistas nos sueltan el gran logro; 31 parados menos. Y nos lo cuentan como una azaña, como lo contaría el difunto y recordado Matías Prats senior, como si del famoso gol de Zarra ante la pérfida albión se tratase.

Y luego está en estos casos el que siempre está contento por todo. Porque aquí el que no se contenta es porque no quiere. Luego está ese Juan Español, acomodaticio, clase medio, zampabollos, idiotizado por el sillón bolea y la salida en tromba al centro comercial de la periferia de los domingos y fiestas de guardar. Ese que dice aquello de: "Hombre, 31 parados menos son 31 parados menos. Podría ser peor". Tu tranquilo Juan, que mientras no te toque a ti, lo demás que reviente si quiere reventar. Esa clase media que cada vez lo es menos, que ve como van perdiendo comba sus vecinos, sus amigos, algún que otro familiar, que espera que la mierda no le llegue a sus hijos, en la universidad ahora mismo, a los que piensa echarles una mano como se ha hecho en España desde tiempo inmemorial: tirando de agenda, mediante enchufe, mediante el cuñado del amigo del subsecretario del subsecretario del subsecretario...

Fuera de España, miran escandalizados nuestros números y se preguntan incrédulos como es que no hay barricadas en las calles. Muy fácil: España se mueve entre la mediocridad y la propaganda, y realmente la crisis no ha llegado del todo hasta la clase media. Nuestro amigo Juan Español se las arregla mal que bien; cuarenta años en la empresa comulgando con ruedas de molino, escondiendo su mediocridad detrás de un pupitre como si de un párvulo torpón se tratara, son una estupenda escuela. A la bajada de sueldo y de derechos Juan responde con el crédito. No está muy endeudado, pues su deuda la adquirió unos años antes del todo vale y de la burbuja inmobiliaria. Juan es de esa clase media, que huyó del arado, que adquirió piso en una ciudad dormitorio, que adquirió segunda residencia en la costa mediterranea y se quedó con la casa de sus padres en el pueblo. Juan tiene a los chicos en vías de terminar la carrera o empezando a trabajar, todavía en casa, porque hay que ver como están los pisos, por las nubes. Juan es lo que dicen los que saben de economía, renta residual, fruto de los años de abundancia. Un hombre con propiedades, con unos ahorrillos en el banco, o en la caja de ahorros de marra, si es que no ha invertido en preferentes, claro. En definitiva; el perfecto consumidor de la mediocridad y la propaganda de la que somos objeto.

Pero que no se duerma. "Todo pasa y todo llega"; que decía el poeta.  

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