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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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martes, 15 de octubre de 2013

Tétrica estampa en Lampedusa.


                                     




Ocurrió la semana pasada. Viene ocurriendo desde hace mucho. Una embarcación llena de subsaharianos, desheredados de la globalización, del desenfreno consumista del primer mundo que deja marcadas sus garras en el tercero, se iba a pique con sus tripulantes a bordo frente a las costas de la isla mediterranea de Lampedusa, en Italia.

Pudieron haberse salvado, quien sabe. Al parecer unos pesqueros italianos pasaron cerca y desoyeron las voces de socorro de los inmigrantes naúfragos. Pasaron del tema, pasaron de largo, se hicieron los suecos, esos pescadores italianos. En su descarga dijeron que su gobierno, les multa con cinco mil euros si ayudan a inmigrantes ilegales a entrar en el país. Es para morirse, verdad. No sé si de asco, o de risa, o de las dos cosas, pero para morirse es.

Todos sabemos lo que pasó después. Hubo muertos, muchos. También hubo algunos supervivientes. A los muertos, el gobierno italiano de Enrico Letta, les ha concedido la nacionalidad italiana, a modo de homenaje, a título póstumo. No les vale ya para nada, pero se ve que Enrico Letta es así, un típico político absurdo de opereta. De eso sabemos mucho los españoles. La estupidez no tiene fronteras. A los vivos les a concedido una cuantiosa multa por entrar ilegalmente en el país. Podría haber extendido, el gobierno italiano, la nacionalidad que concedió a los muertos, también a los vivos. Qué mundo tan cruel, que se tenga que morir uno para que le concedan algo que persiguió en vida, no somos nadie.  

Qué absurdo todo, ¿verdad?.

Para terminar, al sepelio acudieron Durao Barroso, preboste europeo, y el bueno de don Enrico Letta, el cual se acercó a los féretros, y rezó (Se supone), y seguramente hasta lloraría. La gente tiene que ver que los políticos tienen sentimientos y se preocupan por los muertos, aunque estos no sean italianos. Bueno; ya si, pues ya gozan de nacionalidad póstuma. No sabemos aún, si a día de hoy el gobierno italiano ha quitado la absurda multa a los vivos. Hacemos votos porque así sea.

Daba pena. O asco. O asco y pena; ver a Letta y a Barroso, con cara de circunstancias frente a la treintena de féretros, perfectamente alineados. A la salida y a la entrada al sepelio, los dos políticos pudieron oir como la población de la pequeña isla mediterranea los tildaba de sinvergüenzas. La gente está harta de recoger cadáveres frente a su costa. Normal.  La alcaldesa de la pequeña población preguntaba a Barroso para que había ido allí. Reclamaba soluciones, y les cantaba a los políticos italianos y europeos, soluciones para esta drama. Normal, ya decimos.

Van pasando las semanas. Otras dos embarcaciones abarrotadas de inmigrantes africanos, huyendo de la miseria y de la pobreza, han arribado a las costas del sur de Italia. Ni Letta ni Barroso han dicho nada al respecto, que sepamos.

Hemos sabido que un centenar de españoles, contratados en origen aquí, fueron llevados a Alemania, con vanas y vagas promesas de un contrato laboral, un sueldo, ya saben, lo que prometen todos en el paraíso alemán. Unas semanas allí, viviendo en condiciones de hacinamiento, insalubres, pésimas, durmiendo en barracones, y nada. Todo fue fruto de una estafa. Los que consiguieron trabajar, lo hicieron en condiciones penosas y sin llegar a ver un euro. Vamos; que trabajaron gratis. Eso si, Schengen, la Unión Europea, les garantiza la libre circulación por toda la unión. Tienen libertad para ser explotados en Alemania, o aquí. Esto es un alivio no tener que agarrar una patera, o jugársela en una embarcación abarrotada en las aguas del Estrecho de Gibraltar o las del sur de Italia, o correr el riesgo de morir abrasados por el sol en el desierto que hace de frontera entre Méjico y los Estados Unidos. El camino a la explotación en Alemania para un español, un griego, un italiano, un portugués, o un ciudadano cualquiera de cualquier país meridional perteneciente a la UE, está abierto. La diferencia es tremenda. Creo que ya vamos sabiendo y nos vamos enterando de que va esto de la Unión Europea y su area de influencia. Ciudadanos del sur de un continente perdiendo el culo por buscarse la vida en el norte. ¿Donde he visto yo ya esto?

Samuel L., gambiano, inmigrante legal en España, con veinte años de residencia en este país, lee sorprendido la noticia de los inmigrantes españoles malviviendo en Alemania, en un periódico de tirada nacional. "En todas partes cuecen habas", le comento. "Si Viriato, pero puestos a ser algo en la vida, prefiero ser inmigrante español en Alemania, que un africano que se atreve a cruzar el estrecho en una piragua. Se de lo que hablo".

Seguramente Samuel L. tenga razón. No es lo mismo inmigrar desde España que desde Gambia. No es lo mismo un ciudadano del primer mundo, que del tercero. Pero poco a poco, la globalización nos va uniendo a unos y a otros, eso si, por la pobreza.

Quién nos lo iba a decir hace unos años. ¿Verdad?

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