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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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martes, 12 de noviembre de 2013

Semoliberalebuenoyqué: Las basuras de Madrid.


Salgo a la calle. ¡Plaf! Piso una mierda de perro. Llevo pisadas cinco en una semana. Menos mal que los perros que han adornado la calle con tan amable regalo deben de haber comido bien, fibra principalmente, y la mierda no está muy blanda. Lo bueno del otoño es que con las pocas lluvias caídas hasta ahora, la yerba empieza a brotar en los parques y uno se puede limpiar los zapatos en ella.

Madrid está que da asco. Habitualmente, sin huelga de barrenderos a la que echarle la culpa, la ciudad está echa una auténtica birria. Con la huelga, lo de birria se queda corto.

Las cacas de los perros es lo de menos. Lo peor es la basura tirada al lado de contenedores sin recoger. Frente a mi casa hay dos contenedores, uno para el papel y el cartón, y otro para el vidrio. Digo que los hay, porque antes de la huelga ahí estaban, ahora están escondidos entre una montaña de bolsas de basuras, que crece según pasan las horas, y la pasividad de las autoridades se hace latente. Anoche la montaña de basuras debió de bajar algo, ya que vi en ella un grupito de ratas dándose el festín padre.

Se preguntarán ustedes que hacen las autoridades para paliar esto, para solucionar todo este berenjenal. Pues las autoridades hacen lo de siempre; nada. "Eso es un tema entre la empresa concesionaria y los trabajadores", nos dijo la semana pasada doña Botella. Mientras la mierda crece, aquí, allá y acullá.

Me doy una vuelta por la Plaza Mayor y sus aledaños. No me tomo una relaxing cup of café con leche en alguna de sus terrazas porque hay un olor a meados que echa para atrás. Ahí voy, sorteando meadas, cacas de canes (Imagino que serán de canes), mendigos, saltinbanquis, mimos, repartepropagandas, comprooros, carteristas, chaperos, putas y un sin fin de población autóctona del centro de la capital de España. Me para una pareja de guiris y me pregunta por el camino más corto para ir al Museo del Prado, en una jerga spanglish que echa para atrás. Les indico el camino. La señora me da las gracias y me pregunta que cómo es que está la ciudad tan sucia. Le digo que es una fiesta que en Madrid hacemos todos los años por esta fecha, la Rubish Party. Gana el que más ensucia. El último día de la fiesta nos tiramos la mierda a la cabeza unos a otros en pleno centro de la ciudad. La señora me mira extrañada, al principio. Luego, una luz de comprensión se refleja en su cara. "Ah; como tomatina de Buñol", me suelta. "Si; como tomatina de Buñol, pero con basura" , contesto. "Oh; Spanish pasion", termina por decir la buena mujer a modo de despedida.

La prensa alemana se hace eco de la basura tirada por aquí y por allá, en la ciudad de Madrid, sin que nadie haga nada. Se mofan de Madrid, y se mofan más de su alcaldesa. Me pregunto hacia donde nos está llevando el supuesto neo liberalismo de algunos y que es lo que entienden ellos por no intervención de los poderes públicos. Si esto va a ser moneda de uso corriente, y van a actuar no acutuando, así con todos los problemas que se les presenten, entonces será mejor buscar algún lugar democristiano o socialdemócrata donde cobijarse, por ejemplo, Alemania, o algún otro país del norte de Europa.

Vuelvo al barrio. Las hojas del otoño siguen en su sitio, el suelo, sin que nadie las recoja. Se van amontonando por la acción del viento. Van formando montones grandes sobre las cada vez más desgastadas y sucias, baldosas de la acera. La gente va por la calle cabizbaja, mirando al suelo. Aparte de por los efectos de la crisis, la gente va así para evitar pisar alguna "mina anti persona" escondida bajo los montones de hojas que el otoño y la desidia nos dejan.

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