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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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viernes, 1 de noviembre de 2013

Tontilandia Show: Jálogüin.


Por si nos faltaba algo para ser aún más gilipollas, aquí tenemos la gilipollesca fiesta de Jálogüin (Halloween).

Madrid; después de comer. Entro en una cafetería perteneciente a una conocida franquicia hostelera. Me siento a una mesa dispuesto a pedir un café con leche. El camarero se me presenta vestido de mamarracho, con una careta de Drácula, y me suelta: "Uuuuuuuuhhhhhh". Me levanto y me voy sin tomar nada. El local está adornado al efecto para tan sin par fiesta. Telas de arañas, calaveras, calabazas agujereadas simulando caretas horripilantes, arácnidos colgantes de goma, y un sin fin de globitos y chorradas varias, colgando por aquí y por allá. Una señora se ha dejado medio moño entre la tela de araña al cruzarse conmigo en mi camino hacia la salida.

Happy Halloween; me dice un cartel en la calle. La fiesta del consumismo gilipollesco ha empezado, en el país del nunca jamás, y toda esta locura durará hasta el 6 de enero, día de Reyes. Por cierto, unos personajes, sus majestades los reyes de oriente, relegados al ostracismo, cada vez más, por el anglosajón y gilipollesco Papá Noel. Que cosas.

En los colegios, se han apuntado también a la fiesta. Los nenes celebran Jalogüin, y lo celebran como si toda la vida lo hubieran estado haciendo. A tomar viento fresco el día de todos los santos y el de los difuntos, donde los abuelos de estos niños, tenían a bien honrar a sus muertos una vez al año, con flores, con velas. Los cementerios ese día eran auténticas alfombras multicolores, las tumbas lucían flores de todo tipo aquí y allá. Un día al año, no cuesta nada honrar a tus familiares queridos, a los que se fueron.

Eso se acabó. El dios dólar quiere que nos convirtamos en gilipollas, comamos hamburguesas, tengamos un culo inmenso gracias a la grasaza de la comida basura, llevemos gorrilla beisbolera, digamos "Oh, my God" a cada momento, votemos a un subnormal como presidente, veamos programas de televisión hechos para deficientes mentales, y nos convirtamos en la versión europea de Homer Simpson. Menudo plan.

Pero lo peor de todo es que todo este plan está calando entre la población más o menos jóven. A ver quién es el que se atreve a decirle al nene o a la nena que esta fiesta no se celebra, que es una parafernalia consumista. "Pues en el cole todos la celebran, papá".

Este día, antes respetuoso, ahora es como un día de nochevieja o más. La peña sale en tromba, con pintura roja en la cara, con caretas de monstruo puesta, hecho una auténtica piltrafa humana, camino de la disco, o del botellón, a cogerse el gran pedal a cuenta el Jálogüin.

La calle, el metro, las paradas de autobús, se llenan de vomitonas y meadas. El desenfreno etílico juvenil, desde hace años imparable, abre boca hasta la Navidad.

Lo malo de todo es que el que va a contracorriente eres tú, si no celebras esta mamarrachada. Increible.

Japi Jálogüin a todos.

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