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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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lunes, 21 de abril de 2014

Madrid no es lugar para empezar la revolución.



Ellos se empeñan. Rodean el congreso, o al menos lo intentan; llevan marchas por la dignidad a la Castellana, acampan en Sol, pero el honrado pueblo de Madrid no les acompaña.

Madrid no es lugar para empezar una revolución. Todavía no se han enterado, o a lo mejor, no quieren enterarse. Hay demasiado pan y circo, demasiado desayuno con diamantes, demasiado urbanismo pijo consumista de la muerte, demasiado funcionario con el sueldo seguro, horario de 9 a 2 con pausa para desayunar y finde libre, demasiado centro comercial abierto hasta el amanecer 365 días al año, demasiado after work, demasiada cañita con tapita, demasiado opio del pueblo vestido de blanco satén, demasiada tontería.

He oído la última fechoría que planean los pijo liberales que gobiernan la Villa y Corte; nada más y nada menos que convertir el edificio del Palacio de la Música, hasta hace nada un cine con solera de la Gran Vía, adquirido por Caja Madrid para hacer un auditorio; bueno, pues he oído, que planean dárselo, o vendérselo, o alquilárselo, a una firma internacional de tiendas de ropa, presente en medio mundo, que planea abrir en el señero edificio una mega tienda. Sus viejos muros, en vez de albegar cultura, serán contenedores de bragas, sujetadores, gayumbos, y trapitos varios, importados desde el esclavizado Tercer Mundo, y comprados por el agilipollado Primer Mundo a base de crédit card.

Para que se hagan una idea, por supuesto, salvando las distancias, es como si la municipalidad de Milán, mañana, por falta de público, cerrara el gran teatro de La Scala, y lo cediera para que abrieran en el un outlet. ¿Se imaginan?.

No se si el resto del imperio conoce el Palacio de la Música. Un edificio precioso. Si, si; es el de la foto de arriba. Parece un teatro de ópera, de estilo neo clásico, destinado a escuchar alguna aria de Verdi o alguna sinfonía de Beethoven. Lo que es, no en vano; por algo lo llamaron en su día Palacio de la Música. Si sus creadores hubieran querido que fuera utilizado como tienda de bragas, le hubieran puesto el Palacio de las Bragas. Creo que no era el caso.

Sólo por coger edificios del centro de Madrid, remodelarlos sin respetar para nada su esencia, reconvirtiéndolos en centros comerciales, en outlets, especulando con ellos. Solo por eso, en cualquier ciudad del mundo con algo de dignidad y de solera, habría una pequeña o gran revolución, aunque solo fuera para salvar su patrimonio. En la Villa y Corte no. Aquí la palabra dignidad se borró hace tiempo del diccionario. No existe. Aquí, el personal irá en masa, al Palacio de la Música, cuando lo conviertan en outlet, y saldrán cargados de bolsas con ropa que no necesitan, con esa sonrisa de gilipollas que se le pone al tonto lava urbanita consumista, encantados de hacer compras en un sitio tan emblemático, incluso sacarán fotos con sus móviles última generación, y las subirán al feisbuk, y a donde carajo quieran, eso si, sin perder esa sonrisa de idiotas que tienen todos los come mierda, que lo son, sin saberlo. Total, es lo que ya hacen en el edificio vecino del Palacio, el antiguo cine Avenida, edificio señero también, precioso, que hace años ya fue convertido en un bragashop, con notable éxito.

No. Definitivamente la revolución no empezará en Madrid. A pesar de algaradas, rodea congresos e inutilidades varias. La revolución empezará en algún rincón de la España olvidada, dormida a base de subvenciones, cuando los malos hayan decidido implantar el estado neo liberal con toda su crudeza, y mandar esas subvenciones a freir espárragos, y al personal allí, no le quede otra que romper cristales. Pero en Madrid, definitivamente no.

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