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"La dureza de los ricos justifica el mal comportamiento de los pobres"
(Marqués de Sade)

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viernes, 8 de agosto de 2014

Árboles.

¿Quién dice que en la ciudad no hay árboles? Por ejemplo Madrid esta llena de ellos. Principalmente plátanos; si hombre, esos árboles cuya hoja reseca creo que es la que jalona la bandera del Canadá, y que está todo el santo año echando basurilla al suelo de la capital. En otoño, su ya famosa hoja, que cuando llueve forma una pasta resbaladiza, ideal para los ancianos o personas despistadas, ideal para que se rompan la crisma, claro. Y si no llueve, el viento del otoño forma con ellos unos graciosos montoncitos, los cuales son los predilectos para que los canes escondan sus caquitas en ellos, y así luego vas tu, infeliz de ti, pisando los montoncitos de hojas de plátanos formados por el viento del otoño y, plaf, caes, pisas la mierda que el perrito de la señora Paca ha tenido a bien dejar ahí para que tu la encuentres. Encima, con suerte, ese día, igual te encuentras con que el pobre animal sufre descomposición intestinal, y la mierda no es dura y compacta, sino blanda y pegajosa, vamos, un desastre.

¿Y en verano? Pues en verano, al árbol en cuestión le salen unas bolitas peludas, las cuales al caer sueltan toda su carga vellosa al ambiente, la cual se te mete en la garganta, o en la nariz, o en ambos orificios a la vez, ideal para alérgicos y/o asmáticos, vamos.

Además, los árboles en general, y los plátanos en particular, no son nada neo liberales. Necesitan cuidados, tales como poda, riego y recogida de hojas, vamos toda una organización que el ayuntamiento neo liberal de Madrid no puede aportarles, tan aficionado a los recortes y a las privatizaciones como es el consistorio regido por doña Botella. Los árboles, y de manera especial los plátanos, son unos estatalistas retrógrados, que necesitan si o si, la actuación estatal, los cuidados y atenciones de numeroso personal de parques y jardines que se ocupe de los muchos cuidados que requieren.

Pero el ayuntamiento de la Villa y Corte no cede. Ha dicho que los árboles madrileños tendrán que adptarse a los recortes como cualquier otro ciudadano. Esto no ha gustado nada a los señores árboles, que se han rebelado. En la primavera pasada un hombre murió en el Parque del Retiro. Le cayó en cima una rama desgajada de uno de estos tozudos estatalistas. Las últimas víctimas de estas bestias vegetales fue una pareja, chico y chica, que sentados en el velador de una terraza, disfrutaban de dos cañas bien fresquitas al abrigo del calor estival madrileño. Una rama les cayó encima, cual rayo, amortiguada, menos mal, por la sombrilla que resguardaba del sol a la sorprendida pareja.

El ayuntamiento se apresura a decirnos que para nada esto es causado por los recortes. Los árboles, con sus hojas, con sus ramas desgajadas, con su sequedad estival, nos dicen otra cosa.

¿Quién tiene razón?

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